29 de octubre 2010 - 02:32

Los espontáneos le ganaron la Plaza al moyanismo

Los sindicatos, en micros y camiones, transportaron simpatizantes hacia la Plaza de Mayo, ayer, para participar de la despedida a Néstor Kirchner, en donde miles de personas hicieron cola de hasta cinco horas para poder ingresar a la Casa de Gobierno.
Los sindicatos, en micros y camiones, transportaron simpatizantes hacia la Plaza de Mayo, ayer, para participar de la despedida a Néstor Kirchner, en donde miles de personas hicieron cola de hasta cinco horas para poder ingresar a la Casa de Gobierno.
Fue más importante ayer la movilización espontánea de decenas de miles de personas que concurrieron a la Plaza de Mayo a despedir al ex presidente Néstor Kirchner, que las columnas organizadas por los gremios que integran la CGT. Desde temprano, y mientras se ordenaba la larguísima fila de concurrentes que planeaban desfilar frente al féretro del ex mandatario, se congregaron en la Plaza amigos, militantes, activistas y compañeros de trabajo que, en grupos de cinco, 20 o 200, constituyeron el grueso de la convocatoria.

En torno a la Pirámide se acomodaron miles de personas con el único objeto de permanecer allí, de dar el presente en una jornada que consideraban histórica. «No doy más, estoy desde anoche», se quejaba una joven mientras se desplomaba sobre un cantero detrás del vallado que separa la Casa Rosada. Cuando uno de sus acompañantes le sugirió irse, la muchacha se negó rotundamente, pero no pudo dar una respuesta precisa de por qué seguir en el lugar.

Los cánticos fueron aislados, sin un comando central y entonados casi en voz baja. Sólo se escucharon gritos cada vez que se alzó una de las pocas tonadas recurrentes: «Andate Cobos», seguido del tradicional insulto de connotación familiar.

La nota saliente fueron los carteles, en su mayoría hechos a mano y apiñados sobre el vallado que separa la Casa de Gobierno de la Plaza. «Las personas mueren, las ideas no»; «Vamos, Lupo, siempre vas a estar en nuestros corazones. Caleta Olivia»; «Néstor, llevaremos tu nombre a la victoria»; «Vamos Lupín, carajo»; «Tu partida nos duele pero tu legado quedará por siempre», y «Todo el pueblo te acompaña. Fuerza Cris» decían esas inscripciones.

También llamó la atención una suerte de collage de cartulinas, de forma circular, dispuesto a un costado de la Pirámide, frente a la Rosada. Allí había mensajes más extensos, de tono intimista, salpicados por algunas flores y velas que porfiaban por apagarse.

Los vendedores pulularon detrás del vallado y en torno de la fila, con ofertas de «agua fría, gaseosa, cerveza», remeras y banderas, junto a los puestos de patys y choripanes.

A partir del mediodía, engrosaron la concurrencia las columnas de sindicatos de la CGT. Llegados en micros que estacionaron sobre la avenida Belgrano, se destacaron los participantes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM); Camioneros; albañiles de UOCRA; los maquinistas de La Fraternidad; de la Asociación Bancaria; los mecánicos del SMATA; porteros del SUTERH, y los estatales de UPCN.

Sin incidentes se mezclaron con militantes del Movimiento Evita, la Juventud Peronista de sus distintas filiales de la Capital Federal y el interior del país y la Corriente Peronista. Infaltables, los de La Cámpora, la agrupación juvenil «impulsada» -según el Gobierno- por Máximo Kirchner. El clima de concordia se extendió hasta los policías federales apostados para evitar incidentes, que contestaban las requisitorias con inusual amabilidad.

Al inicio de la Plaza se destacó un busto inflable que emulaba, con escaso éxito, el de Eva Perón junto a una mano con los dedos en «V». Las alternativas de lo que sucedía en la capilla ardiente pudieron ser seguidas desde una pantalla gigante dispuesta frente al vallado que miraba hacia Rivadavia. De ahí surgieron toda la tarde aplausos espontáneos. También, rechiflas e insultos potentes cuando se corría la voz del supuesto ingreso de Cobos. Por lo demás, todo fueron extensos abrazos y rostros compungidos.

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