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Los humoristas se autocensuran aún con Obama
Barack Obama hace malabares para tapar con dólares las paredes agujereadas de la economía estadounidense, según el humor de Matt Wuerker en The Politico. La figura del mandatario demócrata es difícil de abordar para los caricaturistas.
Por su forma de hablar, y sus numerosos errores gramaticales, el ex presidente era una mina para los dibujantes, que lo solían presentar como un tipo simplón, con maneras de cowboy.
En cambio, caricaturizar a Obama es más difícil, y sus dibujos pueden despertar la ira de muchos ciudadanos. Más allá de su telegenia y brillante oratoria, la razón es, en buena parte, su raza y la dolorosa historia de la comunidad afroamericana de los EE.UU.
El asunto se puso claramente encima de la mesa hace unas semanas, cuando el periódico The New York Post publicó una viñeta con un chimpancé abatido por los disparos de dos policías, uno de los cuales decía: «Tendrán que buscar a algún otro para que redacte la próxima ley de estímulo».
La viñeta despertó las iras de los líderes de la comunidad negra de Nueva York, que calificaron el dibujo de «racista», al considerar que el simio era una metáfora del presidente Obama. Después de que cientos de personas se concentraran ante la sede del rotativo, el propietario del Post, el mismísimo magnate Rupert Murdoch, se vio forzado a emitir una disculpa pública.
El dibujante Lalo Alcaraz lo experimentó mientras realizaba una charla en una escuela. Tras dibujar a Bush y Clinton, le tocó el turno a Obama. Una niña negra le lanzó entonces un grito: «¡Hey! ¡Esos labios son realmente grandes!». Alcaraz, desconcertado, reaccionó limando los rasgos faciales del presidente.
Alcaraz no es el único dibujante que se ha aplicado una cierta autocensura a la hora de representar a Obama en sus caricaturas. «Sin duda, la gente está actuando con mayor cautela. Va con pies de plomo», comenta Ted Rall, presidente de la Asociación Americana de Dibujantes Editoriales.
Matt Wuerker, el dibujante de la publicación The Politico, considera que hablar de «autocensura» es exagerado, y califica como «normal» la mesura mostrada en algunas caricaturas del presidente.
De acuerdo con Rall, el hecho de que Obama sea una persona culta, afable y físicamente atractiva dificulta la tarea, ya que «cuando atacás su personalidad, la gente sospecha que sólo puede haber una razón: su raza». La situación es especialmente frustrante para los dibujantes conservadores que tienen profundas diferencias ideológicas con Obama.
Mike Lester es uno de ellos, e insiste que sus críticas hacia el presidente «no tienen nada que ver con su raza». «La comunidad negra no acepta que se hagan bromas sobre ella. Todos deberíamos saber recibir los chistes», comenta con amargura Lester.


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