11 de julio 2022 - 00:00

“Los perros”: aguda mirada de Valente sobre la familia

“Los perros”, de Nelson Valente, es sobre una familia, la menos disfuncional de todas (un matrimonio que lleva cuarenta años juntos, su hijo y su novia, familia tipo). Con el paso de los años, Valente se convirtió en un observador agudo de los vínculos forzosos y heredados, mientras activa una bomba teatral que detona y salpica hacia todas las direcciones, destruye otro tanto y recobra el equilibrio que mantiene a los personajes a flote.

Valiéndose del humor ácido y corrosivo, desde una dramaturgia en la que el texto brilla pero también lo no dicho, los gestos y las presencias como espectros o testigos,el autor plantea un juego de espejos entre ese matrimonio maduro y el joven, que desde la crisis de mediana edad se permite pensar en la insatisfacción, en contraste con la resignación de quienes vivieron juntos largas décadas haciendo lo que pudieron.

Los cuatro personajes aparecen desde el principio en escena, pero quienes acaparan la atención son Emilio (Claudio Rissi) y Alicia (María Fiorentino), como el matrimonio gris y hastiado que no se soporta ni hace nada por disimularlo. En el medio el hijo Rodrigo (Patricio Aramburu), aparentemente preocupado porque su novia Laura (Melina Petriella) no la pasa del todo bien, hasta que se ve que celebra su cumpleaños de 40 con una cena patética. Su intento por disimular y aguantar a sus suegros se agota luego de largas horas tolerando esa obsesión del suegro por llenar el silencio con anécdotas de los tantos perros que pasaron por su vida, medicamentos, enfermedades o el clima.

Hasta que Laura cuenta que en el subte un linyera que la miraba fijo le revela una verdad que se apodera de su ser como una epifanía. A partir de ahí, perturbada pero vital, cuestiona todo. Lo que hasta la mitad de la obra circulaba con cierto decoro y cuidado hacia los otros, se transforma en un salvaje monólogo de pensamientos lúcidos que, a falta de filtro, lastiman al resto, empezando por el novio, que no parece capaz de comprender absolutamente nada, y sigue con sus padres.

Las actuaciones son excelentes, el ritmo no se detiene y la obra se disfruta de principio a fin. Rissi como un padre que habla pero nunca dice nada importante; Fiorentino como una alcohólica que se además se automedica y registra un hastío que atribuye a dormir mal, está atrapada en una relación donde no queda otra que seguir soplando velitas y hablando de perros. En ese sentido, el canto del cumpleaños feliz, cada uno a su ritmo, es una metáfora del no registro del otro. El hijo y su novia hablan de una generación de cuarentones inmaduros, aún muy dependientes de los padres, que para escapar de esa estructura anodina toman decisiones intempestivas e infantiles.

Acaso el procedimiento de una revelación que salpica al resto la vuelva algo previsible. La escenografía destaca por una paleta de colores engamados que hacen creer que es la casa de los padres cuando en realidad es la de los jóvenes.

“Los perros”. Autor y dir.: N. Valente. Int.: C. Rissi, M. Fiorentino, M. Petriella. (El Picadero).

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