Si nos atenemos al comportamiento del precio de los principales activos financieros, la situación económica de uno y de otro lado del Atlántico debería haber mejorado. Si nos atenemos a la realidad dura y fría realidad, en el fondo nada significativo cambió, más allá de que una vez más se patearon los problemas hacia adelante. Así Grecia defaulteará y el Gobierno norteamericano, en lugar de sanear sus cuentas públicas e implementar algún plan creíble para impulsar la economía, sólo promete que el Tesoro continúe emitiendo deuda y se incrementen los impuestos al sector privado (esto explica la nota que publicó uno de los abogados demócratas más prestigiosos, argumentando que cualquier reforma que busque un presupuesto equilibrado le haría un gran daño al sistema constitucional). Claro que nada de esto parece importarle demasiado al sistema financiero, donde ayer el Dow trepó un 1,21% a 12.724,41 puntos y el precio del petróleo cerró en u$s 99,14 por barril, dando la errónea idea de una economía que marcha a toda máquina (la Agencia Internacional de Energía estimó que no hace falta intervenir para bajar el costo de los combustibles, lo que sacaría algunos dólares de los países productores para ponerlos en el bolsillo de los consumidores de todo el mundo). Cuando decimos nada, nos referimos a las malas y a las buenas noticias en el frente europeo y el norteamericano de las últimas semanas, ya que difícilmente el Dow estaría a un 0,50% del máximo pos crisis y el S&P500 al 1,5%, como quedaron ayer. Por una sola razón no queremos comentar todavía ni el plan que ha deslizado la Unión Europea para Grecia ni el arreglo que habría alcanzado bajo cuerdas el presidente Obama y algunos de los republicanos más permeables: porque es demasiado pronto para asegurar que serán aprobados y como siempre es en los detalles donde se mete el diablo.
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