30 de junio 2010 - 00:00

Los pros y los contras de la economía hoy

Aunque estemos acostumbrados a criticar al Gobierno de turno en lo que respecta a decisiones de carácter económico, y a pesar de que nos cueste admitirlo, lo cierto es que la economía argentina está más saludable de lo que muchos hubiésemos imaginado tiempo atrás. Debido principalmente a erradas políticas económicas de los países desarrollados, estamos inmersos en una crisis mundial de magnitud. Y a pesar de ello, nuestro país se encuentra bien posicionado.

Las políticas económicas y sociales se encuentran direccionadas, por primera vez en mucho tiempo, a la redistribución del ingreso y a la disminución de la regresividad del sistema tributario. También debemos decir que se han cometido gruesos errores en algunas decisiones económicas, tales como las relacionadas con la inflación, los incrementos impositivos al sector agropecuario, la modificación de la Ley de Jubilaciones 24.241 y las defensas esgrimidas en los cálculos de los índices del INDEC.

Pero comencemos por lo bueno. La recaudación tributaria, medida en forma interanual, viene arrojando aumentos muy superiores a los índices inflacionarios, con lo que se deduce que dicho aumento no se debe sólo al incremento de precios de los productos y servicios, sino que se corresponde con el aumento de la actividad económica, las tasas de rentabilidades de las empresas y el incremento de empleo y de salarios. El Impuesto a las Ganancias se acrecentó en un 76% con respecto a mayo de 2009. Lo relevante es que este tributo ha superado la recaudación del Impuesto al Valor Agregado en un 30%, ya que se recaudaron $ 8.953 millones de IVA y $ 11.475 millones de Impuesto a las Ganancias.

Así, comienza a modificarse el sistema regresivo de impuestos por otro más progresivo, ya que en éstos se prioriza la recaudación de los impuestos que gravan las rentas, y en aquellos los que gravan los consumos.

Créditos

No podemos dejar de citar la política de créditos a la industria a tasas fijas en pesos y a cinco años que acaba de anunciar el Gobierno, en el orden de los $ 9.000 millones. Esto influye en la disminución de la inflación, ya que si el crédito se dirige a la producción, aumenta la oferta de bienes, y en consecuencia, disminuyen los aumentos de precios. En esta misma dirección, debemos citar los bonos de promoción industrial que el Estado otorga a las industrias productoras de bienes de capital, equivalentes al 14% del monto de ventas de esas empresas.

La nueva ley de medios de comunicación es otra que incidirá no sólo en las economías familiares, sino también en lo referente a la problemática social y cultural. La misma tiene como finalidad el abaratamiento, la democratización y la universalización de la información y la comunicación, considerándose una actividad social de interés público esencial para el desarrollo sociocultural.

La asignación universal por hijo y la incorporación de la casi totalidad de los ancianos al régimen jubilatorio nacional significan excelentes medidas tendientes a la redistribución del ingreso, tan proclamada y solicitada por los distintos actores de la política nacional pero que siempre estuvo relegada. Si bien es cierto que el trabajo es lo que dignifica al ser humano, no podemos olvidar que las necesidades básicas insatisfechas provocan menoscabo en la propia dignidad del hombre, que no pueden esperar y que generan exclusión y fraccionamiento social. El sujeto excluido difícilmente pueda reincorporarse al circuito formal.

Los índices económicos actuales (disminución progresiva de inflación, aumentos de salarios y de empleo registrado, incremento en la venta de acero, aumento de la recaudación, aumento de la importación de bienes, aumento de las exportaciones) no hacen más que reanimarnos acerca del futuro en materia económica.

Las malas decisiones: en primer lugar, las estadísticas del INDEC no merecen demasiados comentarios. Pero no debemos olvidar que en todos los gobiernos dichas estadísticas reflejaron resultados erróneos, sólo que en el actual se trata de defenderlo. La reforma a la Ley de Jubilaciones (24.241), si bien surgió del consenso de los legisladores, no pareció coincidir con la voluntad del electorado. A pesar de que la ley anterior se direccionaba intencionalmente a transferir fondos hacia las administradoras privadas en contra del régimen público, pensamos que no se debía eliminar la posibilidad de que una parte de dichos fondos pueda ir hacia el sector privado, según la voluntad que tenga cada trabajador, dejando a salvo que la prestación básica debe ser recaudada y administrada por el Estado, ya que se trata de un sistema eminentemente solidario.

Dejamos para el final el gran error económico producido por las políticas llevadas a cabo en el sector agropecuario: las retenciones impositivas. Si bien el sector obtuvo importantes ganancias, principalmente por el incremento del valor de las tierras (incremento que no tributa Impuesto a las Ganancias), no puede ser el único sector que deba soportar tamañas exacciones con carácter confiscatorio, ya que además de su excesiva cuantía, existieron otros sectores que también arrojaron importantes rentas a partir del año 2002, las cuales no se gravaron.

En otro orden, la inflación anual que soportó el país en los últimos dos años (15% a 20%) no es un tema menor. En definitiva, si tenemos honestidad intelectual debemos señalar que en políticas económicas las decisiones no fueron tan desacertadas. Por el contrario, el país ha mejorado en lo referente a la distribución del ingreso y a la progresividad de su sistema tributario.

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