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Los yihadistas en Irak y Siria: del califato a la fosa común
Los cuerpos de los terroristas son enterrados con topadoras o devorados por perros.
CAÍDOS. Combatientes kurdos Peshmerga, observan los cadáveres de milicianos del EI en Kirkut, Irak.
En la provincia sunita de Al Anbar, los yihadistas con más fortuna fueron quienes murieron cuando sus compañeros de armas controlaban la región, hasta 2015. En el centro de Faluya, primera ciudad conquistada por el EI en 2014, las lápidas de un cementerio improvisado llevan los nombres de guerra de los combatientes extranjeros enterrados por sus compañeros.
En la parte siria del "califato" proclamado en 2014, la suerte de los 50.000 yihadistas muertos según el Observatorio sirio de derechos humanos (OSDH) no es mucho más envidiable.
Una fuente militar local asegura que "los terroristas intentan llevarse a sus muertos. Si nosotros los recuperamos, intentamos identificar a los extranjeros para eventuales intercambios de información con sus países de origen".
Lejos de las zonas urbanas, en el desierto de Deir Ezzor, de Alepo o de Raqa, los cadáveres de los yihadistas son abandonados y, según el jefe de una milicia progubernamental, "los perros del desierto esperan". "Desde el final de los combates, los perros salen de sus escondites y vienen a buscar los cadáveres", cuenta.
En cambio, en la ciudad de Raqa, feudo sirio del EI antes de que las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS, alianza árabo-kurda) la reconquistaran casi íntegramente, Mustefa Bali, responsable de prensa de las FDS, asegura que "los cuerpos (de los yihadistas) son generalmente enterrados".
Según Rami Abdel Rahman, director del OSDH, "las personalidades conocidas y reclamadas por la comunidad internacional son enterradas en lugares secretos". Por ejemplo, "no se sabe donde están enterrados 'Yihadista John' (que ejecutó a dos periodistas occidentales), (el exportavoz) Abu Mohamed al Adnani.
| Agencia AFP |


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