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Lúcida versión del “Macbeth” verdiano
La universalidad del "Macbeth" shakespeariano está fuera de toda duda: hasta una de las series más exitosas de nuestro tiempo, "House of Cards", se inspira claramente en él. La obra presentada por la compañía sudafricana Third World Bunfight que clausuró el lunes pasado en el Colón el FIBA toma como plataforma la versión operística de Giuseppe Verdi, que el compositor consideraba una de sus piezas más amadas.
El planteo de Brett Bailey, responsable de la audaz adaptación y de la escena, se funda en el hallazgo por parte de miembros de una compañía de refugiados congoleses de unos baúles con trajes, partituras y discos del "Macbeth" de Verdi, representado allí 70 años antes por otra compañía itinerante. Tal es el punto de partida para un alegato político que, más allá de algún golpe bajo, no sólo es contundente en su mensaje sino que revitaliza inesperadamente a Shakespeare y a Verdi.
La adaptación de Bailey incluye la mutación de escenas, diferencias sustanciales entre el texto y el sobretitulado y sobre todo la reinstrumentación y por momentos la reescritura de la partitura verdiana, a cargo de Fabrizio Cassol. Lo excepcional aquí es que el trabajo de Cassol es tan inteligente que el resultado no irrita: por el contrario, traza por ejemplo lazos sorprendentes entre los ritmos africanos y los verdianos. El ensamble de cámara (cuerdas, maderas, metales y percusión), dirigido por Premil Petrovic, tuvo una sonoridad perfecta a cargo de los locales David Bellisomi, Ángel Randazzo, Gabriel Falconi, Stanimir Todorov, Elián Ortiz Cárdenas, Fabio Mazzitelli, Guillermo Astudillo, Diego Armengol, Werner Mengel y Enrique Schneebeli. El otro pilar de esta versión es un elenco extraordinario de sólo 10 cantantes que llenan con sus voces suntuosas la sala; dentro de él, el trabajo de Owen Metsileng (Macbeth) y Nobulumko Mngxekeza (Lady Macbeth) es absolutamente memorable.
Contra las voces puristas que puedan censurar este tipo de adaptaciones, cabe alegar que hasta hace sólo algunos días el Colón presentaba, con gran parafernalia escénica, una producción fastuosa y tradicional del "Don Carlo" que dejó impertérrita a gran parte de la audiencia, mientras que aquí, en el mismo escenario pero con recursos mínimos, toda la fuerza de la música y el drama de Verdi llegaron sin escalas a la sensibilidad del público.


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