23 de septiembre 2009 - 00:00

Lula advirtió al régimen de facto y acudió a la ONU

Manuel Zelaya descansa en medio del agitado ambiente que se vive en la embajada brasileña en Tegucigalpa. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva pidió una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
Manuel Zelaya descansa en medio del agitado ambiente que se vive en la embajada brasileña en Tegucigalpa. El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva pidió una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.
Nueva York - Con su embajada sitiada por las fuerzas de seguridad, la cancillería de Brasil advirtió al régimen de facto de Honduras que no cometa el error «gravísimo» de atacar su sede diplomática en Tegucigalpa, y solicitó que se convoque a una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU.

En declaraciones formuladas en Nueva York, el canciller Celso Amorim consideró «extremadamente preocupantes» los incidentes que provocaron que dos bombas lacrimógenas ingresaran al complejo de la embajada. Por la noche, la cancillería informó que había solicitado la reunión del Consejo de la ONU para garantizar «la seguridad del presidente Zelaya y la seguridad e integridad física de las instalaciones de la embajada y su personal».

Ante el acecho que recibe la sede diplomática, a la que le fueron cortados suministros de servicios básicos (parcialmente restituidos), el canciller recordó la «inviolabilidad» de la embajada garantizada por leyes y tratados internacionales y recordó que «su violación sería un hecho gravísimo».

«Hemos hecho contactos con países que tienen relaciones directas e indirectas con el Gobierno de facto de Honduras para hacerles saber que cualquier acción contra nuestra misión diplomática no será tolerada», agregó.

Por su parte, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva reclamó desde Estados Unidos que el gobierno de facto respete la integridad de la embajada de Brasil en Tegucigalpa. «Nosotros esperamos que los golpistas no entren en la embajada», afirmó Lula.

Calma y cautela

El mandatario también dedicó un párrafo a Zelaya. Le pidió «calma y cautela» y le sugirió que no «dé pretexto para acciones violentas de las fuerzas policiales» del régimen de Roberto Micheletti.

A la polémica se sumó la ministra de la Casa Civil brasileña y precandidata presidencial, Dilma Rousseff, quien negó que su Gobierno haya sido parte del plan que concluyó con el retorno de Zelaya, y que sólo está respetando «los derechos humanos elementales».

La Cruz Roja y la Embajada de Estados Unidos están enviando alimentos a la misión brasileña, donde unas 70 personas han tenido dificultades para volver a sus hogares debido a la violencia en las calles y al toque de queda impuesto por el Gobierno, agregó Amorim.

Micheletti tuvo una respuesta ambigua a los reclamos brasileños: «Le digo públicamente al presidente Lula da Silva: nosotros vamos a respetar su sede porque ésa es tierra del Brasil y la vamos a respetar, siempre y cuando ellos contesten a nuestras peticiones».

Explicó que Brasil debe decidir si le otorga asilo a Zelaya o lo entrega a las autoridades hondureñas, pues éste tiene pendientes órdenes de captura acusado de varios delitos políticos y comunes.

Una irrupción en la legación de Brasil «nos traería aún mayores problemas», reconoció en declaraciones a la prensa la vicecanciller de Micheletti, Martha Alvarado.

Agencias ANSA, Reuters y AFP

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