18 de octubre 2012 - 00:00

Lula, gurú ocasional del cristinismo pejotizado

Cristina de Kirchner con Lula da Silva, en Casa Rosada, segunda escala de la gira del brasileño, que fue recibido por el delegado presidencial, Rafael Folonier, la noche del martes y luego, ayer a media mañana, atendió a un contingente cristinista ampliado con peronistas clásicos.
Cristina de Kirchner con Lula da Silva, en Casa Rosada, segunda escala de la gira del brasileño, que fue recibido por el delegado presidencial, Rafael Folonier, la noche del martes y luego, ayer a media mañana, atendió a un contingente cristinista ampliado con peronistas clásicos.
Disfónico, menos vivaz y locuaz que su versión presidencial, Lula da Silva hizo ayer un raid criollo. Contratado para disertar en el Coloquio de IDEA -con un cachet que equivale a veinte sueldos de jefe de Estado- dispuso un selectivo menú de citas políticas.

Caprichos del azar, la minigira lulista cayó el 17 de octubre, fecha santa del peronismo que ofertó celebraciones más ampulosas de sectores opositores que del propio Gobierno, abocado al diseño de un calendario emotivo propio con dos fechas: el 27 de abril, por la elección que llevó a Néstor Kirchner al poder y el 27 de octubre, por el fallecimiento del patagónico.

Lula, quizá sin advertirlo, fue el protagonista accidental de un giro todavía germinal. No por el mano a mano con Cristina de Kirchner, en Casa Rosada, un formalismo de vecinos y socios. En definitiva, promovió con Kirchner el armado Unasur que padece de modorra diplomática, sino porque un Lula sin barba

-resabio de la quimioterapia en el cuello por su cáncer de laringe- se juntó con un malón de dirigentes K, la reunión de mayor valor simbólico (desechó una ristra de invitaciones) porque mostró un indicio peronizador del cristinismo.

La reunión de Lula con la mesa nacional de Unidos y Organizados (U&O), la megaagrupación cristinista, introdujo un rasgo distintivo e inusual: contrarreloj, por indicación puntual de la Casa Rosada, sumó por primera vez a dos intendentes peronistas.

Hasta ayer, en la novela pública, U&O operaba en paralelo con el peronismo institucional

-gobernadores, intendentes, PJ-; en la privada, existe un sordo y áspero enfrentamiento entre el cristinismo y el PJ. Por esa razón fueron leídas en clave aperturista las inclusiones de Martín Insaurralde, alcalde de Lomas de Zamora, y de Fernando Espinoza, cacique de La Matanza, cuya presencia tiene que ver con el affaire Harvard, donde la Presidente hizo una sinuosa mención a ese distrito del conurbano rabioso.

Se retroalimentó luego con la recepción, al atardecer, de Cristina de Kirchner a los intendentes del Gran Buenos Aires con el gabinete y Daniel Scioli para lanzar el plan de obras «livianas», de «alto impacto en generación de mano de obra y empresas locales», bautizado Más Cerca, con una inversión prometida de $ 8.769 millones.

Los intendentes festejaron, ayer, que la Presidente haya elegido el 17 de octubre para el anuncio. En el Hyatt, donde se alojó el martes a la noche, ante el contingente K, Lula deslizó alertas sobre la cuestión regional: «Hay que repensar la integración. Y ahora no hay una relación tan intensa: Dilma se está adecuando, Cristina viaja poco y Chávez está enfermo».

Como un gurú ocasional, mechó advertencias como ésa -que suele plantear Luiz Dulci, su mano derecha- con aportes al relato K como una definición referida a «la derecha» del continente que, según su mirada, «no tiene programa económico ni programa social».

«Hablan de bajar la pobreza pero no dicen cómo hacerlo. Y todos sabemos que con la receta clásica de la derecha la pobreza en vez de bajar, sube. ¿Los escucharon decir qué harían con los planes sociales?. Yo no...», sostuvo el brasileño, sirviendo ideas a los K.

Lo escucharon -además de Insaurralde y Espinoza- los neocamporistas Eduardo «Wa-do» De Pedro y Andrés «Cuervo» Larroque; los vices Amado Boudou y Gabriel Mariotto; Edgardo Depetri y Oscar Laborde, del Frente Transversal; Luis DElía, el ceteísta K Hugo Yasky y Agustín Rossi, jefe de los Diputados del FpV. Sobre la hora, como un gesto de respaldo tras la zamarreada pública de Hugo Moyano en el Congreso, se agregó en la nómina a Héctor Recalde.

El hasta el martes abogado de la CGT moyanista, fue uno de los que opinó cuando Lula preguntó sobre la situación del gremialismo argentino. Fue cauto y se limitó a un informe. Yasky y Depetri hurgaron, a dúo, en la interna de la CTA al remitir a los movimientos de Víctor De Gennaro.

«Víctor se equivoca -dijo Lula, que tiene con el sindicalista una larga amistad- porque no se puede elogiar al PT en Brasil, ser chavista en Venezuela y no estar con Cristina en Argentina».

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