16 de octubre 2013 - 00:33

Lula y Felipe, en una master class ante políticos criollos

• Madrugada con Scioli en La Ñata y ayer almuerzo con pocos en el Mangrullo, por cumbre con empresarios

Felipe González probó algo del sciolismo en la noche del lunes cuando le dejaron ver el  Futsal de La Ñata. Estuvo allí hasta la madrugada de ayer.
Felipe González probó algo del sciolismo en la noche del lunes cuando le dejaron ver el Futsal de La Ñata. Estuvo allí hasta la madrugada de ayer.
"El poder no les pasó en vano", dijo uno; "son como sabios, tendríamos que estar escuchándolos durante horas", agregó otro. Salían, a mediodía de ayer, plenos de mollejas y ojos de bife, menú que extendió sobre la mesa de El Mangrullo -comedor que es santuario de todos los peronismos- para esas dos estrellas de la política global que son Lula da Silva y Felipe González. Durante casi dos horas habían cruzado anécdotas y experiencias ante un auditorio criollo que venía de escuchar al brasileño en el congreso sobre Responsabilidad Social Empresaria, que redundó, casi sin anuncios previos, en una de las cumbres políticas más importantes que haya hecho el oficialismo en mucho tiempo. La ausencia de Cristina de Kirchner, que iba a acompañar a los participantes de esta tenida que organizó Alejandra Miniccelli, esposa y asesora de Julio De Vido, y que haya ocurrido en plena campaña electoral le quitó la repercusión que debió haber tenido. Traerlo al país a Lula da Silva al costo de un cachet que está en las siete cifras y en dólares, para después tener que completar el auditorio con jóvenes traídos de los colegios es el ejemplo de lo que ocurrió.

El grupo de elegidos para escuchar a Lula y a Felipe competir en anécdotas con presidentes y en marcas de "charutos" o "habanos" -Felipe es consecuente con ese hábito que alimenta con cigarros de alta corona que recibe de Cuba- lo integraron Daniel Scioli; la esposa del expremier español, la economista Mar García Vaquero; el matrimonio De Vido, Julio y "Lali"; el matrimonio Granados, Alejandro y Dulce; el intendente de La Matanza Fernando Espinoza; el acompañante inseparable de Felipe, el embajador en España Carlos Bettini; el empresario Gerardo Werthein; el gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora; el embajador del Brasil Luiz Alberto Figueiredo y alguno más hasta completar la docena de invitados.

Hubo coincidencias en todos los que hablaron en el intento de seminario de La Matanza en hacer discutir a políticos con hombres de negocios en una Argentina que sigue debatiendo cuáles deber ser las relaciones entre el sector público y el privado. Lula defendió el "parceiro" (sociedad) entre lo público y lo privado, lema que ha adoptado Scioli para lo que llama, en sus discursos de estos días, su "agenda del desarrollo". La mesa tenía en Felipe al colega más experimentado y escuchó sus reflexiones sobre la experiencia china en materia económica y política.

Les interesa más -después de todo el patrocinante era De Vido y estaba en tierra de intendentes- escucharlo al español destacar la importancia que en su casi década y media de Gobierno tuvieron las obra de infraestructura, puentes, autopistas y centrales eléctricas. Sin esa inversión, destacó, España no podía enfrentar el crecimiento de aquellos años ni la posibilidad de remontar la actual crisis.

Atentos todos a la necesidad de no tocar cables pelados, evitaron preguntarle sobre el Gobierno de Rajoy y mucho menos sobre entuertos binacionales como el de Repsol-YPF. Bettini, a quien se le atribuyen las gestiones para un acuerdo que todos ven en el horizonte, ayudó con gestos a silenciar cualquier intento de abrir esa agenda.

Lula sí habló algo de las relaciones en emergencia entre la Argentina y Brasil. Todos venían de escucharle una conferencia de casi dos horas en la que puso todos los argumentos sobre el destino inseparable de los dos países. Destacó la gestión de Dilma Rousseff y dijo que es su candidata a Presidente. En son de bromas, repitió que lo único que separa a los dos países es el fútbol, que su deseo es que Brasil salga campeón del mundo y que la Argentina haga un buen papel pero que no entorpezca los proyectos de la casaca brasileña.

Elogiaron todos el tono de la conferencia que habían escuchado y Scioli le dijo que parecía un discurso de cierre de campaña. Lula respondió que está mejor que nunca y que ya le dieron de alta del tratamiento del cáncer que sufrió en los últimos dos años.

Felipe, que no se queda atrás en estos torneos, lo felicitó por la experiencia que puede transmitir. Y Ud. Don Felipe, lo halagaron del otro lado de la mesa. Y que lo digas, que me tocó lidiar con tres grandes, Reagan, Bush y Clinton. ¿Qué es lo que importa, maestro? Respuesta: el liderazgo emocional. ¿De qué se trata? De ponerle emoción personal a la política, no tener miedo, no dejarse caer en la adversidad, no agrandarse en la hora de la victoria. Scioli, que entendía le estaban leyendo su propio libreto, sonrió y mirando a Felipe rieron con entendimiento.

Ante las preguntas de los presentes debieron revelar que horas antes, en la noche del lunes y hasta la madrugada de ayer, habían estado conversando de liderazgo emocional casi a solas en el quincho-museo de La Ñata. Con Karina Rabolini y Carlos Bettini habían compartido disquisiciones sobre estrategias globales y también sobre liderazgos emocionales. Ocurrió después de que Felipe probase una puntita del sciolismo más puro: llegó a La Ñata cuando en la noche del lunes cuando jugaba el equipo del gobernador con Deportivo Barracas. El español ingresó al miniestadio, que vibraba como nunca por la disputa de Futsal. Lo sentaron junto a la estatua de Perón en acrílico que luce en una tribuna y pudo ver cómo Scioli hacía dos golazos que sellaron el triunfo por 8 a 5. ¿A dónde me trajeron?, preguntó Felipe antes de que lo hicieran bajar a la cancha para las fotos. De ahí al museo que recoge toda la memorabilia y la cena, que duró hasta los habanos de las 2 de la madrugada de ayer.

Scioli, embalado con el cuento, agregó que venía de un debate en La Plata con Evo Morales. ¿Algún tema grave? No. Ocurrió que el boliviano -otro aficionado al fútbol de salón- le espetó al gobernador, apenas lo vio en la universidad local:

Evo: "Tenemos un partido pendiente...".

Scioli: "Cuando quieran... ¿dónde?".

Evo: "En La Paz".

Scioli: "Altura...".

Evo: "Tres mil metros".

Scioli: "Ni loco. Otro lugar...".

Evo: "Cochabamba".

Scioli: "Altura...".

Evo: "Dos mil metros...".

Scioli: "Ni loco. Otro...".

Evo: "Orinoca...".

Scioli: "¿Y eso?".

Evo. "Es mi pueblo natal...".

Scioli: "Altura".

Evo: "Tres mil metros".

Scioli: "Hecho, después de las elecciones y antes de fin de año".

El final, también, con risas y los mejores habanos del conurbano, que pueden ser los mejores del mundo porque vienen todos del mismo lado. ¿Les cuento algo de Fidel? La oferta de Felipe extendió más la sobremesa antes de la dispersión hacia la siesta.

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