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Luz al final del túnel: el empleo
José Siaba Serrate
Conviene no perder de vista la perspectiva. La crisis devoró 8.363.000 puestos de trabajo. Marzo sólo recuperó 162 mil (la mitad de ellos, temporarios). Hay todavía 15 millones de desocupados que buscan activamente un empleo (y otros 2,3 millones que no, pero lo tomarían si se les ofreciese una oportunidad). Y, en promedio, demanda más de siete meses volver a conseguir una vacante -como nunca desde la posguerra-. Todo indica un fuerte ascenso del desempleo crónico y estructural en sectores como la construcción, las finanzas y la industria automotriz, que no revertirán sus modalidades operativas ni tamaños de otrora.
Terreno pedregoso
Sin embargo, importa comprobar la tesis simple de que el empleo tocó fondo. Indicadores de anticipación -como las series de horas trabajadas, la contratación de trabajadores temporarios o la evolución de los subsidios de desempleo- así lo sugieren, pero con menos énfasis que en las recuperaciones precedentes. No hay dudas que se trata de un terreno pedregoso. Y los 162 mil puestos de marzo son susceptibles de revisión. ¿Quizás resulten, a la postre, un falso amanecer? Difícil. Ya se mencionó la dinámica del mercado laboral. Marzo, en esa tónica, no es una aberración. Es, más bien, un eslabón previsible en una tendencia clara, sostenida a lo largo de todo 2009, hacia una mejoría. Así que si marzo se corrige, lo reemplazará abril. En ese sentido, las revisiones más recientes -que afectaron a enero y febrero- sumaron (y no restaron) 62 mil empleos a las estimaciones originales luego del procesamiento de mayor información. Si se miran los índices de difusión, se refuerza esa percepción: en el sector privado, seis de cada diez ramas de actividad, el mes pasado, incrementaron su dotación.
Estabilizar el mercado laboral es una excelente noticia en la tarea de mantener a raya al enemigo público número uno: esto es, el riesgo de incurrir en una recaída en la recesión. El enemigo número dos es el estancamiento crónico. Pero, sobre ese particular, poco se puede acotar. Deberá correr el tiempo para revelar la verdadera fortaleza de la creación de empleo. Sin embargo, que el repunte laboral sea un fenómeno suave es el mejor negocio para los mercados: les da el visto bueno a su raid alcista, pero no justifica un repliegue brusco de las políticas extraordinarias de aliento (aunque los bonos, de poder elegir, hubieran preferido otra poda de cargos). Basta corroborar que el aumento del empleo de marzo no alcanzó para producir una merma en la tasa de desocupación (que permaneció en un elevado 9,7%; aunque por debajo del máximo del 10,1% de octubre último). La economía debe fogonear un ritmo muchísimo más intenso para regresar a los niveles de un año antes (8,6%), por no decir los previos a la crisis (el mínimo del ciclo fue un 4,4% exactamente tres años atrás). Con una tasa de participación constante, hacen falta añadir 145 mil empleos cada mes sólo para que la tasa de paro no se incremente.
El Gobierno «decepcionó» en marzo y lleva contratados, a esta altura, menos técnicos y encuestadores que en ocasión del último censo de población. Fue el sector privado el que apuntaló los números de marzo. No se esperaba que sumase más de 50 mil posiciones (el informe ADP, inclusive, sugirió una caída) y aportó 123 mil. Ya se dijo aquí que la Bolsa apostaba con naipes marcados -porque la realización del censo obligará a tomar casi un millón de contratos temporarios-, pero esta vez no hubo que forzar ningún truco. En rigor, el flujo de indicadores procedentes de fuentes diversas -como los reportes ISM de la industria y los servicios, o las ventas minoristas- transmite en la misma longitud de onda. La venta de automóviles de marzo -que orilló los 12 millones de unidades anualizadas- es un dato duro no desdeñable. Desbordó inclusive el nivel de despachos del primer mes de vigencia del Plan Canje (y sólo es superado por los 14 millones vendidos en el segundo mes del plan). No es aventurado pensar -con las cifras del gasto de enero y febrero- que el consumo del primer trimestre estampe un avance del 3% anualizado. Y ratifique la tesis de una recuperación económica que se consolida. Así, con las espaldas bien cubiertas, Wall Street puede esperar, a partir de la semana próxima, la confluencia de los balances de las empresas y, en especial, los números de los bancos. Después de todo, son los bancos los que obran, esta vez, como punta de lanza. Wall Street puede esperar o, si prefiere, hacer como siempre, correr el riesgo y subir de antemano.

