19 de enero 2016 - 00:14

Macri, una picardía transversal anti-K y con PJ "civilizado"

Rogelio Frigerio
Rogelio Frigerio
Ricardo Delgado, un liberal moderado que coordinó el equipo económico de Sergio Massa, se sumó ayer al staff de Mauricio Macri. La puerta de ingreso al mundo PRO fue, como para un malón no macrista, Rogelio Frigerio, superministro que domina los expedientes políticos, electorales y de obra pública.

Delgado, que se conoce hace años con el ministro, será el operador de Frigerio para coordinar las carpetas más sensibles de la relación entre la Casa Rosada y los caciques territoriales: el reparto y la ejecución de las obras de infraestructura, área que está a cargo del michettista Daniel Chain y que ayer era leído en el PRO como un chispazo aunque, en otra oficina, daban por hecho que el sector lo seguirá controlando Chain.

Delgado es la segunda figura del esquema massista que se incorpora al Gobierno de Macri después de Adrián Pérez, exlilito que en 2013 migró del ARI al Frente Renovador de Massa, espacio por el que fue electo diputado, butaca que dejó para jurar en diciembre como subsecretario de Asuntos Electorales, también bajo el paraguas de Frigerio.

En Casa Rosada, desde el massismo y el propio Delgado detallaron, a coro, que la incorporación es "a título personal" y que no significa un acuerdo entre Massa y Macri. En Tigre, precisaron que Massa "respeta y valora a Delgado y sabe que hará un buen trabajo". Evitaron cualquier reproche como los que, luego, dejaron caer sobre la mudanza de Pérez a Cambiemos.

Ahora están con un libreto más pulido, casi idílico, que le baja la espuma a la tesis de un pacto Macri-Massa, que existe a nivel por ahora legislativo en el Congreso nacional y, más explícitamente, en la Legislatura bonaerense, al punto que el FR fue la llave, junto con intendentes del FpV, para que María Eugenia Vidal tenga el Presupuesto.

Intenta, a la vez, gambetear las interpretaciones sobre un incipiente proceso motorizado desde el macrismo para cooptar dirigentes y colaboradores de Massa, del GEN de Margarita Stolbizer e, incluso, de sectores que formaron parte del Frente para la Victoria (FpV), un ensayo transversal a lo Kirchner pero anti-K y con empatía con el peronismo blanco.

Massa, a pesar de que anticipa que no peleará por el PJ, apuesta a ser la cara del peronismo civilizado, poltrona que también quieren ocupar el salteño Juan Manuel Urtubey y el club de alcaldes bonaerenses que integran, entre otros, Martín Insaurralde, Gabriel Katopodis, Mariano Cascallares y Fernando Gray, que ayer se juntaron en Padua.

El vínculo Macri-Massa está cruzado por aquella tensión: un pacto de gobernabilidad entre dos actores que, más temprano que tarde, estarán en trincheras enfrentadas, momento en que la doble pertenencia de los massistas que forman parte del Gobierno de Macri será insostenible.

Delgado, conocido de Frigerio de otras aventuras, es la última incorporación del ministro del Interior, quien hasta acá dio más entidad y volumen al plan expansionista de Macri: además de Pérez y el economista massista, en diciembre había sumado a Domingo Amaya, que antes de ser compañero de fórmula de José Cano en Tucumán fue uno de los exponentes del peronismo K en esa provincia hasta que Cristina de Kirchner avaló que los Alperovich pongan como único candidato a Juan Manzur.

Hasta entonces, "Mingo" Amaya, que gobernaba San Miguel de Tucumán, jugada en el FpV y formaba parte del esquema de alianzas y simpatías que había bosquejado Florencio Randazzo para su frustrada candidatura presidencial.

La radical Aída Ayala, ex intendenta de Resistencia, Chaco, fue la otra figura transversal que Frigerio sumó, como secretaria de Asuntos Municipales, a su scrum en Interior. Toda una declaración de principios macrista: el ministerio más político de Macri está comandado por un economista.

La otra oficina donde el macrismo abrió la puerta para incorporar a referentes de otros espacios fue Seguridad, donde Patricia Bullrich sentó a Gerardo "Gery" Millman al frente de Seguridad Interior, previo abandono del GEN. De ese partido llegó, también, Alberto Föhrig y también se integró a Seguridad, aunque lo hizo, hasta acá, en carácter de técnico pero sin alejarse de Stolbizer. Antes, de ese mismo espacio, el bonaerense Abel Buil se mudó al macrismo.

A pesar de esos episodios, la excandidata presidencial mantiene una prudencial distancia de Macri, no ahorra objeciones pero advierte que el porteño ganó la elección y debe contar con un período de gracia.

Otro peronista que habita la naciente transversalidad M es el santafesino Gustavo Marconato, que forma parte del elenco de Alfonso Prat Gay en Economía mientras que, en la provincia de Buenos Aires, algunos sciolistas quedaron en sus cargos: es el caso de Ignacio Crotto, en Turismo, y de Gustavo Ferrari, que fue asesor de Gobierno de Daniel Scioli y continuó con Vidal.

No es el primer acercamiento de Ferrari con el PRO. En 2009, como mano derecha de Francisco de Narváez, participó de la triple alianza entre Macri, De Narváez y Felipe Solá. Aquello, que se llamó Unión-PRO, y derrotó a Néstor Kirchner en la provincia, fue el germen de una de las líneas del peronismo que forma parte del PRO, la de Emilio Monzó, espacio al que pertenece Sebastián de Luca, exfelipista, que es el viceministro de Interior de Frigerio, sillón al que llegó por ser el armador de buena parte de la campaña de Macri en el interior.

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