Macri y Filmus al balotaje para decidir Gobierno de la Ciudad

Edición Impresa

Mauricio Macri venció ayer todos los pronósticos y superó los votos que obtuvo en 2007, venciendo a su principal rival, Daniel Filmus, por una diferencia que parece irreversible, pero de acuerdo con las normas porteñas se dará la segunda vuelta el 31 de julio.

Así lo anticipó el macrismo y desde el kirchnerismo aseguran querer competir en esa instancia, que será una réplica de la pelea de 2007 (ver cuadro de resultados). La elección confrontó sólo a dos rivales, al punto que cerca del 80% de los votos se concretó entre la fórmula Macri-María Eugenia Vidal y Filmus-Carlos Tomada, lo que reservó para el resto de las boletas, descontando la de Fernando Solanas, que quedó tercero, menos de diez puntos, en una competencia de la que participaron 14 fórmulas a la jefatura porteña.

Macri se entregó al baile y a la algarabía todo lo que pudo, a partir de las nueve de la noche, una vez que el ministro de Seguridad y Justicia, Guillermo Montenegro, dio los primeros cómputos provisorios oficiales. La fiesta ya se había lanzado en el pomposo búnker que armó el PRO en el pabellón seis del complejo Costa Salguero de la Ciudad de Buenos Aires.

Euforia

«Esta ciudad libre no se negocia ni se vende», advirtió un Macri eufórico que había pasado la jornada mostrándose distendido y hasta jugando al tenis.

«No hay más lugar para los egoísmos», siguió Macri ayer en el discurso del triunfo, en un escenario al que hizo subir, además de a la vice, María Eugenia Vidal, a Horacio Rodríguez Larreta, Marcos Peña, Miguel del Sel y, entre otros, a Jorge Macri y Néstor Grindetti (candidatos a intendentes) y para el final, a Gabriela Michetti. Globos de colores, camisetas turquesa, y pantalla de fondo adornaron el festejo PRO.

«Esta ciudad no se negocia ni se vende, y si nos corresponde algo, no es porque nos arrodillamos, sino porque lo planteamos con dignidad y altura», expresó Macri ante la ventaja, a esa hora de más de 15 puntos contra el kirchnerismo.

De paso, el jefe de Gobierno invitó a «todos los dirigentes del país» a unir esfuerzos y pidió dejar de lado la «confrontación y la intolerancia».

«Estamos enfermos de confrontación y de intolerancia. Hay que reconciliarnos con nosotros mismos, dejar la persecución de fantasmas del pasado y entusiasmarnos con nuestro futuro», afirmó el mandatario porteño.

Oportunidad

«Quiero decirles a los que no nos han votado que no voy a dejar que las diferencias nos separen. Las diferencias son una oportunidad», insistió Macri y pidió a «aquellos que creen que las diferencias son irreconciliables que busquemos un idioma que nos permita luchar por las oportunidades».

Recordó entonces que había prometido asumir «un compromiso de trabajar por la unidad nacional», y así se consideró que el jefe porteño ya anuncia su lanzamiento a la carrera presidencial en 2015.

Al escenario también hizo subir a Federico Pinedo, sobre quien expresó que representará al PRO en la contienda nacional, donde, por ahora en camino a las primarias del 14 de agosto, el macrismo competirá con una boleta corta, es decir, sin candidato a presidente. Aunque en la mayoría de los distritos el PRO cerró listas aliado al duhaldismo, en la Capital Federal siguió el consejo de los asesores del macrismo, de no mostrar preferencias por Eduardo Duhalde, por la posibilidad de que esa adhesión le restara votos. Ahora, con la grilla terminada de resultados de los comicios porteños, Macri apurará una definición en ese sentido, que viene reteniendo.

El kirchnerismo intentó por su parte abordar los beneficios de la derrota con un discurso del candidato Daniel Filmus más dirigido a la próxima elección nacional a favor de Cristina de Kirchner. Al menos hasta anoche el kirchnerismo apuntaba que se mantenía firme en la idea de disputar la segunda ronda electoral porteña a pesar de la diferencia de votos que separan a Filmus de los obtenidos por el jefe de Gobierno porteño.

Macri en ese sentido consiguió el logro adicional de aumentar el caudal de adhesiones que reportó en la pasada elección, un resultado difícil para un Gobierno local, y le faltó poco para evitar el balotaje, aunque en la Ciudad de Buenos Aires la regla es obtener más del 50% de los sufragios.

Perdedor, aparece Fernando Pino Solanas, quien en dos años, desde las legislativas de 2009, cuando salió segundo en la grilla, perdió casi la mitad de las adhesiones que retenía. Si bien aumenta en cantidad de legisladores y su bloque quedará en una posición de privilegio (ver nota pág. 6), afloja su carrera por cargos ejecutivos.

Polarización

La polarización de la elección que concentró casi 80% de los votos sólo en dos listas, dejó al resto de las fórmulas con tan baja cantidad de sufragios que anoche sólo la Coalición Cívica estaba en condiciones de renovar una banca, y sólo eso. El radicalismo, por su parte, protagonizó otra de sus peores elecciones de la última década, pero conserva dos diputados porteños, como resultado de las bancas que obtuvo en 2007, cuando compitió en alianza con Carrió con el sello Acuerdo Cívico y Social.

Otros que quedaron lejos de las preferencias de los porteños fueron Jorge Telerman (ni siquiera logró ingresar como legislador) y Ricardo López Murphy, quien ayer, junto con su familia, hizo de fiscal general de su lista.

Macri comenzó la jornada electoral temprano. Citó a las nueve y cuarto de la mañana a periodistas y movileros a desayunar en el coqueto café Tortoni, a dos cuadras del palacio municipal, y justo enfrente de su lugar de votación, donde posó para los fotógrafos besando el sobre antes de colocarlo en la urna con su voto, cantado.

Dejá tu comentario