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Magnífica “Elektra”, pero en lo musical
La textura orquestal y vocal straussiana se despliega aquí en toda su suntuosidad, pero a su lado la propuesta escénica resulta elemental.
Sonora y poéticamente suntuosa, la "Elektra" de Richard Strauss y Hugo von Hofmannsthal (miembros de una dupla creativa emblemática) golpea, conmueve y está destinada a no dejar impertérrito a ningún espectador, al margen de la universalidad simbólica y psicológica del drama. Con una amalgama de texto y música tan poderosa, es evidente que ni el aspecto musical ni el teatral pueden flaquear si se aspira a una realización acabada de esta piedra angular del repertorio.
La producción que ofrece en estos días el Teatro Colón presenta un desbalance insalvable entre una realización musical de gran riqueza y una propuesta escénica elemental. El trabajo de Pedro Pablo García Caffi, muy lejos de proponer una lectura clara, se limita a una marcación de entradas y salidas más algunos movimientos, ninguno exento de obviedad y muchos rayanos en lo ridículo. La invariable escenografía también es elemental pese a su monumentalidad, y sólo los cambios de color de la iluminación proponen climas o atmósferas que quiebren un estatismo desesperante; el vestuario (de Alejandra Espector) subraya con una claridad casi escolarmente didáctica las diferencias entre los personajes.
Salva esta versión un aspecto musical notablemente sólido que tiene en las tres cantantes principales una base de apoyo inquebrantable. Linda Watson, cuya voz deslumbró en el "Colón-Ring" del 2012, despliega su canto sin que la magnificencia de su instrumento la prive de una subyugante riqueza de matices en un protagónico inolvidable. Manuela Uhl (Chrysothemis) repite el milagro de un canto expansivo y sonoro que se combina con un timbre brillante y juvenil. Iris Vermillion resulta también ideal como Klytemnestra en la sonoridad de todo el registro y la expresividad de la palabra. Hernán Iturralde (Orest) se posiciona cómodamente a la altura del trío femenino, con un desempeño impecable. El resto del elenco cumple adecuadamente con su tarea y el Coro Estable preparado por Miguel Martínez sobresale en su breve intervención. La Orquesta Estable a las órdenes de Roberto Paternostro, sutil o atronadora pero siempre ajustada, realiza una gran labor que sirve de base a la excelente tarea de las voces. Como se dijo, la textura orquestal y vocal straussiana se despliega aquí en toda su suntuosidad, mientras lo que el escenario muestra es incapaz de reflejar o enfatizar en ningún momento el torrente de emociones que subyace en ella.


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