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Magnífica noche de coros con L. Puccio
Un Teatro Colón casi colmado para escuchar a un coro nacional es algo que sólo el Estudio Coral de Buenos Aires y su director, Carlos López Puccio, podrían lograr. Respecto de este músico es justicia decir que si ha logrado hacer de su coro el más prestigioso de la Argentina no es sólo por la calidad individual de sus integrantes sino por el riguroso trabajo que lleva adelante con ellos.
El concierto que brindaron el lunes se inició con las «Tres canciones de Charles dOrléans» de Claude Debussy, bello tríptico del compositor francés sobre textos del poeta medieval. Al igual que en las dos obras de Franz Liszt que le siguieron, el «Ave Maria» en Si bemol y el «Ave Maris Stella», el Estudio Coral brindó versiones de extrema prolijidad, aunque no se alcanzó el clima que sobrevendría más tarde, y se pudo advertir además un sonido algo «descubierto» en las cuerdas agudas. Efectivamente «Friede auf Erden» de Arnold Schönberg se percibió como el primer gran punto alto de la noche; no resulta raro ya que es en este tipo de obras donde este ensamble alcanza su mayor brillo.
El compositor vienés realizó aquí un trabajo fabuloso en la musicalización del poema del suizo Conrad Ferdinand Meyer; armonías que se tensan o distienden (casi a la manera barroca) respondiendo a la carga semántica de las palabras, polifonía magistralmente desplegada, sutileza dinámica y otras maravillas de esta partitura cobraron plena vida en las voces del Estudio Coral. Con un gran salto cronológico hacia atrás, «Le chant des oiseaux» (genial fresco ornitológico de Clément Jannequin) hechizó al público, como en cada interpretación de este clásico de la agrupación, y finalizó la primera parte de manera inmejorable.
El plato fuerte lo constituyó el estreno local de «Vásár (Feria)», última obra coral de G orgy Ligeti cuya sola interpretación literal se inscribe ya en la categoría de proeza. Tal como lo indica la partitura, el coro se distribuyó en cinco grupos separados (y musicalmente independientes) alrededor de la sala y en los extremos del escenario, representando a grupos de vendedores y un circo ambulante. Cada uno estaba liderado por uno de los varios integrantes del Estudio que dirigen coros (en este caso Guillermo Dorá, María del Carmen Aguilar, Milagros Seijóo, Pablo Di Mario y Ricardo González Dorrego) munido de un par de auriculares que le permitía seguir la indicación metronómica.
Guiados por ellos, los cantantes salieron airosos del desafío de entonar las melodías en húngaro y mantener la entonación en esta endiablada policoralidad posmoderna. El segmento ligetiano se completó con dos magníficas interpretaciones de «Hortóbágy» y «Kállai kettös», obras tempranas de inspiración forklórica.
«The peaceable Kingdom» de Randall Thompson, ciclo basado en textos del profeta Isaías y en un cuadro de Edward Hicks, fue un clímax estético y expresivo ideal para finalizar el concierto. Le seguirían, sin embargo, dos apreciados bises: el merengue «El empavao» de la venezolana Anamaría Correa (con acompañamiento de cuatro de Gustavo Marega) y «En los surcos del amor» y «Se equivocó la paloma» de Carlos Guastavino. Así, con la sencilla inocencia del compositor santafesino, se despidió el Estudio Coral, que merecía celebrar sus tres décadas de actividad con una gran noche como ésa en el Teatro Colón.


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