21 de marzo 2012 - 08:51

Malvinas: diplomacia, barcos invisibles y ocultamiento

El grave cortocircuito diplomático generado entre Buenos Aires y Lima con la visita de cortesía de la fragata de guerra británica Montrose mostró al Gobierno de Ollanta Humala como un equilibrista tratando de mantenerse sobre una cuerda tironeada, desde una punta, por la Argentina -su socia política en la Unasur- y, desde la otra, por el Reino Unido -su socio comercial-. No fue el único tironeo: en Lima, a su vez, los ministerios de Relaciones Exteriores (Torre Tagle) y de Defensa venían de un juego interno de patriotas por «llevar» los pormenores de la estadía de cuatro días de la Montrose en el puerto de El Callao.

Si bien Torre Tagle es una de las cancillerías -junto con Itamaraty- más profesionalizadas y prolijas de América Latina, en la invitación al buque británico (y los correspondientes papeleos, entre ellos, el pedido de autorización al Congreso) se impuso el Ministerio de Defensa. No hay que sorprenderse: Humala es un exteniente coronel y su jefe de Gabinete, Oscar Valdés, también proviene de las filas militares. La llegada de la fragata estaba inscripta en el marco del memorando de cooperación para industria militar acordado a fines de 2011 con Londres.

A esto se agrega que el canciller Rafael «Rafo» Rocangliolo hace varios meses que tendría las valijas hechas. Según dicen en círculos diplomáticos limeños, le habrían prometido la secretaría general de la Comunidad Andina como su próximo destino. Una «salida honrosa» para el último de los ministros «caviar» (así le dicen a la izquierda elegante en Perú) que queda, después de varias purgas ministeriales, en el gabinete de Humala. Ésta se produciría en los próximos meses, cuando termine en esa secretaría rotativa el representante de Bolivia.

Debido a esa salida «cantada» es que Rocangliolo se habría desentendido de los pormenores de la visita de la Montrose, aprobada en la Comisión de Defensa del Congreso el 27 de febrero, y publicada en El Peruano (boletín oficial) el 29 de ese mes. Por eso es que también, cuando desde la embajada argentina a cargo del exdirigente político Darío Alessandro comenzaron a indagar sobre la venida de la fragata británica, «elementos de inteligencia uniformados» del Gobierno de Humala borraron esa información de la página web de El Peruano.

Mientras tanto, en Buenos Aires, el subsecretario de Política Latinoamericana en la Cancillería, Diego Tettamanti, y, desde ya, el canciller Héctor Timerman, estaban al tanto de la situación, pero se confiaron en el lema «no news, good news» durante el lapso en que el Proyecto de Resolución Legislativa (817-2011-PE) que autorizaba la visita británica estuvo esfumado del sitio web. «Los durmieron», concluyó anoche, ante este diario, una fuente diplomática en Lima. «Les vendieron una versión edulcorada que la embajada argentina en Lima nunca corroboró», agregaron.

No fue todo. Los mismos fantasmas que hicieron desaparecer la información en el sitio web se encargaron de difundir distintas versiones sobre el derrotero y paradero de la fragata Montrose, sabiendo que, por ser un buque de guerra (por lo tanto, de navegación «secreta»), ni la Cancillería ni la Armada británicas darían las verdaderas coordenadas de la posición de éste. Así, de acuerdo con esas versiones, la omnipresente Montrose estuvo simultáneamente en Ciudad del Cabo, en el canal de Panamá, en el estrecho de Magallanes y en las islas Malvinas (el objetivo real de su desplazamiento hacia el Atlántico Sur desde noviembre pasado). La fragata estaba en todas partes y en ningún lado a la vez: por lo tanto, «no estaba».

El resto ya es historia. A partir de la nota de Ámbito Financiero del lunes, en la que se alertaba sobre la fragata de guerra navegando hacia el Perú (alerta dada después de que el Gobierno británico confirmase a este diario que estaba en ese rumbo) para una visita hasta ese momento «ninguneada», se generó una tormenta diplomática entre Lima y Buenos Aires. El final también es sabido: Ollanta Humala eligió recostarse sobre la Unasur, el respeto a la política de «no militarización de la región», y respaldar a la Argentina. Y cerrarle la puerta, por ahora, a Gran Bretaña.

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