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Mañana, día clave para Techint por Sidor y Somisa
Paolo Rocca
En relación con este cónclave, los pocos ejecutivos de Techint que están en Buenos Aires admiten privadamente guardar «esperanzas» de que la mandataria emerja de él con «algún anuncio relacionado con Sidor», la siderúrgica venezolana que el régimen bolivariano reestatizó el año pasado, y por el cual Chávez aún no dijo cuánto y ni cuándo pagará.
El jefe del régimen bolivariano había amenazado con no pagar ni un centavo por la empresa nacionalizada, pese a que Techint contabilizaba inversiones por más de u$s 2.000 millones. Lo último que se sabe de esa negociación que se arrastra sin resultados aparentes desde hace un semestre es que el grupo que comanda Paolo Rocca no se «baja» de u$s 1.600 millones por el 60% del capital accionario que tenía de Sidor; el chavismo, en cambio, ofrecía la mitad de esa cifra, pero por el 50%, y le permitiría a Techint conservar el restante 10%.
Sin embargo, la gestión de los delegados de Chávez en la empresa, más el desplome de la demanda del acero en el mundo, desactualizaron esos valores. Es que, tal como se preveía desde un principio y demuestran todas las experiencias internacionales, el manejo de una empresa por sus «trabajadores» (y más en una de la dimensión de Sidor) sólo puede terminar mal: ayer el ministro de Industrias Básicas y Minería venezolano, Rodolfo Sanz, admitió que la producción de acero líquido de la empresa cayó un 17% en 2008. Dado que Sidor pasó a manos oficiales hace menos de seis meses, es fácil prever qué sucederá en el próximo ejercicio. En especial porque el propio Sanz admitió que ese descenso se produjo «por problemas laborales y operativos».
En 2007, cuando Sidor era parte de Ternium -la división de aceros planos de Techint- había producido 4,3 millones de toneladas, contra los 3,5 millones con que cerró 2008.
El funcionario chavista intentó explicar esta baja en los paros organizados por el sindicato -que fueron la excusa y la punta de lanza que usó el Gobierno para expropiar Sidor- y la salida de servicio de una turbina.
Sin embargo, quienes conocen la empresa de adentro hablan de un «total descontrol» en la operación (que, entre otros efectos, tuvo el trágico de tres muertos en accidentes laborales), de «salarios imposibles de sostener con los actuales valores del acero» y del ingreso indiscriminado de nuevos empleados traídos por los administradores del chavismo para pagar favores políticos. Mientras tanto, los trabajadores temporales, cuya efectivización era el reclamo central de las medidas de fuerza contra Techint, siguen reclamando que Chávez cumpla con la promesa que les hizo al tomar el control de Sidor: que todos pasarían a la planta permanente.
La entrevista de Cristina de Kirchner con Chávez, entonces, podría tener algunos minutos dedicados al «caso Sidor», aun cuando -es un hecho- la relación del Gobierno con Techint dista de pasar por su mejor momento.
El sentimiento de disgusto parece ser mutuo: los Kirchner (sobre todo Néstor) acusan al grupo de no haberlos apoyado haciendo obras públicas y (ahora) de provocar un conflicto gremial en San Nicolás, que involucra a casi 2.600 trabajadores. Por su parte, Rocca y sus ejecutivos habrían querido que el Gobierno defendiera con más ahínco los activos que tenían en Venezuela y que les fueron arrebatados sin costo político alguno para el expropiador.
Contactos
«De todos modos, sabemos que la Presidente estuvo moviéndose mucho los últimos dos meses; que hubo contactos con el Gobierno de Chávez para tratar de buscar una solución que conforme a todos, y evitar que se llegue a la instancia del CIADI», dijo a este diario una alta fuente oficial.
En tanto, en lo que hace a la suspensión de las obras en la planta de Somisa en San Nicolás (se iba a hacer una ampliación del alto horno «Evita», pero Techint decidió interrumpirla) hoy en Trabajo se decidiría extender el período de conciliación obligatoria hasta tanto se concrete el plan oficial de construcciones en esa ciudad. Y a pesar de su reticencia de más de un lustro de intervenir en obras oficiales, Techint -que a través de su constructora es la responsable por buena parte de esos 2.600 empleados- aplicará esa mano de obra en conflicto al plan oficial. Será una solución momentánea, pero que al menos despejará un frente de tormenta (tanto para la empresa como para el Gobierno) en un momento político y económico que parece no soportar ni siquiera un chubasco de verano.


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