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Maniobra chilena con la Argentina hace enojar a Perú
La Fuerza Aérea Argentina aún no sabe si concurrirá. Nilda Garré -envió tarde el proyecto de ley tal como lo refleja un escrito de la diputada por San Luis, María Angélica Torrontegui- espera que el Congreso apruebe mañana la salida de los seis aviones cazabombarderos A4-AR y un Hércules KC-130 (tanquero) previstos para el ejercicio a realizarse en Antofagasta, Chile. El secretario de Asuntos Internacionales del Ministerio de Defensa, Alfredo Forti, sigue de cerca el alboroto chileno-peruano, es responsable de la ejecución de ejercicios combinados en donde participen otras fuerzas armadas extranjeras y además su pasado lo reclama: en 2001 fue asesor del candidato peruano Alejandro Toledo en temas internacionales.
El Gobierno de Lima interpretó que la simulación del «Salitre 2009» era una referencia directa (y ofensiva) a la guerra del Pacífico, que en 1879 enfrentó a chilenos contra peruanos y bolivianos, conflicto que se desató por el control de yacimientos de salitre y guano, de considerable valor económico y estratégico en el siglo XIX.
«Un país -Tarapacá-, con su capital en Iquique, invade la región de Antofagasta. Ésta acude a las Naciones Unidas y el organismo internacional solicita al agresor que se retire del territorio ocupado. Sin una respuesta positiva, la ONU resuelve el envío de una fuerza multinacional para restablecer el orden e imponer la paz». Así decía el extracto de la situación imaginada por los planificadores de la Fuerza Aérea chilena que provocó la reacción del ministro de Defensa peruano, Rafael Rey. En efecto, Tarapacá era un departamento que el Perú perdió tras el conflicto por el salitre en 1879. Tantas coincidencias lingüísticas no pasaron inadvertidas; Perú mantiene una demanda ante la Corte de La Haya con el propósito de que se le reconozcan derechos soberanos en un área del océano Pacífico que Chile considera suya.
El altercado sucede a menos de un mes de la cumbre de cancilleres y ministros de defensa de la UNASUR, quienes en Ecuador buscaban la confianza perdida, luego del acuerdo militar entre Colombia y Estados Unidos que fue percibido como una amenaza por Venezuela, Ecuador, Bolivia, la Argentina y en menor medida por Brasil, Chile y Perú.
Los jefes de la diplomacia y las carteras de la defensa se comprometieron a poner sobre la mesa toda la información de acuerdos bilaterales, bases militares, efectivos, armamento, presupuesto y ejercitaciones en aras de recuperar la confianza mutua.
No hubo información adelantada a ninguno de los miembros de la UNASUR sobre las conflictivas maniobras aéreas chilenas sino hasta que se conoció la bronca peruana a través de los medios de comunicación.
El ministro de Defensa chileno, Francisco Vidal, admitió que hubo conversaciones con los Estados Unidos tendientes a modificar el planteo del ejercicio. Ahora, el libreto (situación) refiere a dos países de una isla ficticia que se desestabilizan por cuestiones de política interna y la ONU actúa para restaurar la paz con el envío de una fuerza multinacional.
El jefe de la Fuerza Aérea chilena, Ricardo Ortega, -a sugerencia del ministro de Defensa trasandino- invitó a aviadores de la Fuerza Aérea peruana a participar como observadores.
Esa oferta fue rechazada por Lima, el propio presidente Alan García respondió que la invitación era tardía. A último momento, el Gobierno boliviano decidió el envío de observadores, casi en simultáneo con el anuncio que hizo Evo Morales en un acto castrense acerca de la adquisición por 57,8 millones de dólares de seis cazas ligeros K-8 a China, además de un simulador, repuestos y entrenamiento para los pilotos bolivianos.


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