11 de agosto 2011 - 00:00

Mano dura para reconstruir poder

David Cameron, quien debió interrumpir sus vacaciones, exhibió un discurso de alto voltaje los últimos dos días.
David Cameron, quien debió interrumpir sus vacaciones, exhibió un discurso de alto voltaje los últimos dos días.
Londres - David Cameron parecía casi un oficial, incluso sin uniforme. Con mirada dura y voz decidida, anunció cómo dominará el problema de la violencia en el Reino Unido: con una política de mano dura. «Necesitábamos contraatacar, y el contraataque ha comenzado», dijo ayer y sonó como un comandante. «No permitiremos que en nuestras calles exista una cultura del miedo», agregó.

Palabras fuertes. El jefe de Gobierno británico envió así una señal a sus compatriotas a cinco días después del comienzo de la violencia en las calles. «Nosotros, la parte buena de Reino Unido, lo tenemos bajo control». El premier necesita urgente el éxito de su estrategia. Los británicos no esperan más de su Gobierno que la garantía de tener seguridad en su propia ciudad, en su propia casa. Cameron tiene una fuerte exigencia.

La oposición laborista se lo machacará nuevamente hoy, cuando los parlamentarios vuelvan de su pausa veraniega para debatir en detalle el para muchos inesperado estallido de violencia en Londres y otras grandes ciudades británicas. Pero en esta oportunidad es muy probable que no se dé un ajuste de cuentas, ya que, según la tradición, en la crisis los británicos se mantienen unidos.

Las vacaciones parlamentarias ya habían sido recortadas por otro escándalo, debido a que Cameron quedó en el centro de atención por su cercanía con el controvertido Rupert Murdoch y su imperio mediático, y aún está a la defensiva en este tema.

Datos

Una inflación de hasta un 5%, un alto endeudamiento público de más de 1,15 billón de euros, un déficit presupuestario del 10% del PBI, protestas estudiantiles, una larga disputa con los socios de coalición liberaldemócratas, una controvertida intervención en Libia... La lista de los problemas del hombre que sueña con una «Big Society» en el Reino Unido es larga.

Las soluciones son difíciles, sobre todo en el tema de la violencia juvenil. Desde los últimos pisos de los horrendos complejos habitacionales en St. Thomas Square, en el este Londres, puede verse el brillo de las torres de oficina de la ciudad financiera y del vecindario bancario Canary Wharf. Los superricos y los muy pobres están muy cerca unos de otros en Londres, tan cerca como en ninguna otra ciudad de Europa. Para muchos sociólogos es el principal ingrediente para una mezcla peligrosa que se cocina desde hace décadas y que explotó por segunda vez desde los estallidos de 1985.

Si se mira desde los complejos al otro lado, se ve el arbolado parque London Fields. En los años 80 era un área «no-go» para todos los que apreciaban su vida. Hoy en día es un lugar de encuentro, un indicio de los avances en el vecindario. Bajo los árboles se instaló el centro para niños Ann Taylor. Los padres pueden dejar allí a sus hijos para que sean atendidos durante el día sin pagar nada, la comida también es gratuita. Los padres, entre tanto, pueden mirar videos o navegar en internet, mientras los hijos reciben valiosa atención pedagógica.

En el centro infantil el personal sabe hablar gran variedad de idiomas extranjeros, desde bengalí hasta serbocroata. Es uno de los tantos intentos de los últimos años en Londres para encarar el problema de las familias destruidas y los valores perdidos. Pero nadie encontró hasta ahora la solución ideal.

«La forma de enfrentar a las fuerzas motoras y los complejos problemas detrás de los patrones de la violencia juvenil está lejos de estar exenta de controversias»
, dice Gus John, autor y profesor en la Universidad de Londres, que además es inmigrante del Caribe.

Causas

Los políticos, la Policía e incluso muchos sociólogos están de acuerdo en algo: los hechos de violencia no son una reacción a los recortes sociales. «Es pura y simple criminalidad», dice el premier Cameron y recibe la aprobación de todas partes. Incluso el profesor John le da la razón en principio, pero también dice: «Saber esto no resuelve ningún problema».

Sin embargo, para el sociólogo la mano dura de Cameron es un enfoque equivocado. «Demasiado castigo, demasiada violencia policial, demasiada poca prevención», diagnosticó ante el paquete de medidas recientes. «Hay claras señales de que la criminalidad está relacionada con la familia y el entorno donde se vive», asegura, y considera que allí es donde se debe trabajar más.

De todas formas, no quiere dar una excusa para los jóvenes atacantes de los últimos días. «Las experiencias y las circunstancias del curso de la vida influyen en quiénes somos. Lo que sale de nosotros es responsabilidad nuestra».

Agencia DPA

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