29 de junio 2010 - 00:00

“Manon” triunfal en el Teatro Colón

Natalia Pelayo y Juan Pablo Ledo mostraron la técnica, el aplomo y la expresividad necesarios para encarnar a Manon y Des Grieux. Una pena que sólo hubo dos funciones.
Natalia Pelayo y Juan Pablo Ledo mostraron la técnica, el aplomo y la expresividad necesarios para encarnar a Manon y Des Grieux. Una pena que sólo hubo dos funciones.
Después de la postergación del estreno y la cancelación de cuatro funciones, el Ballet del Colón brindó finalmente dos representaciones de la pieza coreográfica «Manon» de Kenneth MacMillan. El programa de mano distribuido incluyó una hoja en la que se explicaba que entre el 16 y el 20 de junio un sector del personal de utilería, luminotecnia y maquinaria no se había presentado a trabajar, paralizando las actividades y haciendo imposible cumplir con las fechas anunciadas.

El hecho significó sobre todo una frustración para los bailarines que no tuvieron más de una oportunidad cada uno para mostrar el excelente trabajo con Karl Burnett, el repositor de la MacMillan Foundation. Pero el resultado artístico no decepcionó las expectativas en esta primera producción completa del Estable en su casa luego de tres años y medio. Sinceramente valió la pena esperar a la reapertura del Colón para gozar de esta hermosa producción del Municipal de Chile que hubiera sido muy difícil de montar en otro espacio porteño.

Inspiradora de numerosas versiones teatrales, operísticas, coreográficas y fílmicas, la novela «Lhistoire du chevalier Des Grieux et de Manon Lescaut» publicada en 1731 por el abad Prévost es una obra maestra un poco de avanzada para su época. Aunque se la emparenta con heroínas románticas, el eco más claro de Manon es Lulú: al igual que la mujer-niña de Wedekind, es una criatura sin conciencia del daño que hace y afectivamente inmadura, que vive su sexualidad sin ataduras y la usa como arma de manipulación.

Fascinado por ella, MacMillan creó un ballet que refleja como pocos el espíritu de Prévost, de lenguaje neoclásico pero con una estructura entroncada con el ballet romántico, ya que por ejemplo incluye cuadros que no aportan acción dramática sino atmósfera. Fiel a las premisas del novelista y del coreógrafo, Burnett eligió para los protagónicos a dos parejas muy jóvenes y asignó papeles co-primarios a quienes son habitualmente primeras figuras.

Natalia Pelayo y Juan Pablo Ledo mostraron sin embargo la técnica, el aplomo y la expresividad necesarios para encarnar a Manon y Des Grieux. Ella, bailarina exquisitamente fresca, corporizó con exactitud la liviandad del personaje; tras un comienzo algo vacilante, su partenaire fue encontrando la intensidad dramática del suyo, afianzándose hasta un final desgarrador. Edgardo Trabalón y María Clara Da Silva cumplieron una labor excelente como Lescaut y su Amante, luciéndose en la escena del burdel.

En líneas generales la actuación del cuerpo de baile fue de una gran solvencia, pese a que por momentos se observó la falta de sincronización que suele aquejar a los ensambles nacionales. La Orquesta Estable dirigida por el chileno Domínguez acompañó con justeza. Mientras a metros de allí miles de personas festejaban el triunfo futbolístico argentino, la ovación en el Colón recompensaba a este otro seleccionado también capaz de vencer las dificultades, ponerse la camiseta y dejar todo en la escena.

«Manon», ballet en tres actos. Música: J. Massenet. Coreografía: K. MacMillan. Ballet Estable del Teatro Colón (Abono Vespertino). Orquestación y arreglos: L. Lucas-H. Gaunt. Reposición: K. Burnett. Escenografía: P. Farmer. Iluminación: R. Conde. Producción del Teatro Municipal de Santiago de Chile. Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección: J. L. Domínguez (Teatro Colón, 27 de junio).

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