Macri logró aire el sábado, pero deberá hacerse cargo de un reclamo por más firmeza. Mensaje anti- PJ llegó a Cambiemos.
El Gobierno respira más tranquilo desde el sábado y tiene alguna razón para hacerlo. La marcha de ese día fue multitudinaria especialmente en la Capital. Lo fue en una medida que descolocó a todo el oficialismo, que había elegido guardarse para no legitimar una movilización que podía resultar un fiasco. Hay otras razones que atender. Si bien quizás no fue pensado a la hora de no organizar una movilización oficial en Cambiemos, es lógico que hubiera sido un despropósito auspiciar una marcha en defensa de la democracia, como se la llamó en las convocatorias de redes sociales, cuando al mismo tiempo se está llamando al mundo a invertir en la Argentina en un proceso de normalización como el que vive el país.
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Ningún inversor atornillará un dólar en suelo argentino si duda de la estabilidad democrática; por lo tanto, flaco favor se hubiera hecho el Gobierno a sí mismo al apoyar oficialmente esa convocatoria.
Otro punto. Las señales de apoyo que recibió Macri el sábado llegaron también con otros mensajes directos de la gente. Ese día (hay biblioteca de cánticos suficiente como para apoyar esta aseveración) no se le pidió al Gobierno que avanzara en más alianzas con el peronismo. Todo lo contrario, se le pidió firmeza en sus decisiones. En ese sentido, la marcha tuvo un neto tono anti-PJ.
Por eso algunos en el PRO parecían descolocados. Emilio Monzó, habituado a agradecerle en televisión al peronismo el apoyo y la ayuda para votar leyes, como hizo el sábado por la noche, y acercar alianzas con peronismo varios, fue uno de los que recibió el mensaje. Más peronismo en Cambiemos no era lo que pedía la gente a la que tanto escucha el PRO, sino firmeza en Cambiemos y apoyo al Presidente.
Quizás Macri sintió ese mensaje no peronista cuando habló del choripán y los colectivos, un exceso en democracia que se justifica en palabra de particulares, sobre todo los que vimos las humaredas previas por Diagonal Norte a la marcha del 30 de marzo, pero quizás no en un presidente de la Nación.
Muy parecido a lo que le preguntaban a Macri los inversores en la Bolsa de Nueva York en septiembre del año pasado, cuando querían saber si iría preso algún acusado de corrupción en Argentina. No le estaban pidiendo que Cristina de Kirchner fuera detenida (algo que Macri no puede decidir), sino que demostrara que tiene el control político del país.
Son los mismos inversores que se preocupan cuando ven que en el país es muy difícil avanzar en reformas que bajen costos y aumenten la competitividad. Les preocupa que el último que intentó algo en ese camino fuera Domingo Cavallo, con los resultados a la vista.
Finalmente el sábado deja una lectura extra a tomar en cuenta. Hubo una mala lectura en quienes se preocuparon por lo que sucedió en las últimas marchas contra el Gobierno. La Plaza de Mayo del 24 de marzo, lejos de mostrar fortaleza K, dejó la pintura de un desbande donde las organizaciones como las Madres pasaron formalmente a la pelea política cambiando el objeto de su fundación, mientras a los gritos Hebe de Bonafini trataba de traidora a Estela de Carlotto, presumiblemente por su acuerdo sobre digitalización de partidas de documentación con María Eugenia Vidal. Toda esa foto fue de debilidad opositora, como lo fue también la izquierda, que se desdibujó sin saber muy bien ese día si no le estaba facilitando terreno a Cristina de Kirchner. No sería novedad: la historia tiene abundantes anécdotas sobre cómo el peronismo usa a la izquierda local cuando ésta se confunde en sus reclamos.
La marcha, con sus idas y vueltas de convocatorias desmentidas -especialmente por radicales y Elisa Carrió-, terminó llevándole un aire impensado a Mauricio Macri, después de dos semanas donde parecía que el Gobierno se iba deshilachando ante las protestas y presiones en la calle; algo así como que nada podía frenar los problemas del Presidente. Esa lectura nominal y primaria debe considerarse cierta, pero está lejos de explicar lo que se viene en el PRO y el peronismo (de todos los colores) frente a las elecciones y lo que viene sucediendo en el primer piso de la política.
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