10 de enero 2017 - 23:31

Marcia Schvartz: la vida, dela frivolidad a la tragedia

• UNA EXTENSA MUESTRA DE LA ARTISTA EN ELMUSEO COLECCIÓN DE AMALIA LACROZE DE FORTABAT
Los ensamblajes dominan la muestra “Ojo”, con trabajos que van desde los años 70 hasta la fecha, y ostentan una fragilidad cartonera que calza a la perfección con el tema que representan.

Autorretrato. Marcia Schvartz expone en el Museo Fortabat.
Autorretrato. Marcia Schvartz expone en el Museo Fortabat.
Hasta los últimos días de enero el Museo Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat exhibirá "Ojo", una extensa muestra de Marcia Schvartz. La poderosa capacidad visual de la artista le brinda sentido y tema a la muestra. Considerada esencialmente pintora, es dueña de aptitudes y oficios que le permiten transportar sus visiones a disciplinas diversas como la escultura o sus volumétricos ensamblajes. El ojo de Schvartz percibe con ironía y humor, pero también con amor, dramatismo y dolor, la vida de los personajes del under porteño y los del Norte argentino. El vistoso mundillo artístico y determinados momentos de la historia política de nuestro país aparecen retratados por la artista. Los ensamblajes dominan la muestra y ostentan una fragilidad cartonera que calza a la perfección con el tema que representan. Un buen ejemplo es "El entorno" (López Rega como un brujo, un ridículo caniche blanco entre otros personajes y, a lo lejos, la multitud). Y el entorno rodea a Perón. Con la misma estética figura "El grito sagrado", una Isabelita vieja y patética con su banda presidencial. Allí quedan los rastros de los cortinados de seda natural que otorgan teatralidad a las decadentes escenas y potencian la miseria del relato.

Los curadores de la exhibición, Roberto Amigo y Gustavo Marrone seleccionaron obras que van desde los años 70 hasta la fecha y que son hitos del universo visual de Schvartz. El collage suma a las obras sorprendentes objetos de la vida real: dólares, publicaciones, fotos, calendarios, envases de medicamentos para calmar las revoluciones del cuerpo y el mundo de chucherías que rodea a los funcionarios y empleados públicos. El regordete "Secretario de Cultura de El impenetrable" cuenta con su propio arbolito de Navidad y una expresión odiosa, mientras a la oficinista del ensamblaje "Mesa de Entrada" no le hace falta nada y le sobra resignación. Mujeres como "La zorra" o la protagonista de "Preparándose para Arteva" (sic), se embadurnan con las cremas y maquillajes que están allí mismo, en esos toilettes pobretones con maderitas doradas donde abundan las marcas baratas.

No obstante, y más allá de las baratijas, el reino de la pintura es para Schvartz el espacio por excelencia de la mirada. En la tragedia de "Erinia. El misterio del arte", la artista explora la boca del caballo del "Guernica" de Picasso y cita este gesto en el rostro de una mujer desnuda que alcanza la misma desesperada impotencia del animal. En el plano local Schvartz es heredera de la mirada de Antonio Berni. Pero nada es lo mismo. La violencia que ha visto nuestra artista se trasunta en obras donde el poder destructor es más intenso: el mal tiende a convertirse en espectáculo y diversión.

En su libro "El ojo y el espíritu", Merleau Ponty analiza que, antes que cualquier otra urgencia, "el pintor está ahí, fuerte o débil en la vida pero soberano evidentemente en su modo de rumiar el mundo, sin otra 'técnica' que aquella que sus ojos y sus manos le dan a fuerza de ver, a fuerza de pintar".

La exposición resume este concepto. Las cosas del mundo tocan de tal modo el sistema nervioso de la artista que así entabla una relación fuertemente afectiva con ellas. A través de las obras el espectador percibe esos sentimientos y vive la experiencia del arte. La percepción de la atracción que ejerce la naturaleza se vuelve visible cuando el espectador imagina la mano diestra acariciando la arcilla y acercándole las lanas de colores del Norte. El amor por los rasgos indígenas delata la nostalgia por la inocencia perdida del hombre. En "Norte negro", las formas casi abstractas de una mariposa desafían con la gracia de la forma la densidad de la brea, materia que la constituye. "La lista", una nota con obligaciones y necesidades a cumplir, no solo resulta abrumadora para la abatida y delgada mujercita protagonista del cuadro, moviliza además, el corazón del que mira.

Resulta difícil traducir en palabras las percepciones visuales. El autorretrato "Cruz del Sur", tan azul y bello como terrible, deja adivinar el terror que engendra mirar aquello que no queremos ver. Borges, con su genio, supo representar la intensidad de este sentimiento en su poema "Insomnio", donde dice: "De fierro, / de encorvados tirantes de enorme fierro tiene que ser la noche, /para que no la revienten y la desfonden/ las muchas cosas que mis abarrotados ojos han visto [...] Creo esta noche en la terrible inmortalidad: /ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer, ningún muerto/ porque esta inevitable realidad de fierro y de barro / tiene que atravesar la indiferencia de cuantos estén dormidos o muertos / aunque se oculten en la corrupción o en los siglos / y condenarlos a vigilia espantosa". La experiencia de mirar conecta al creador con el espectador en un mismo universo. El arte los une. Ambos perciben los interrogantes que plantea la vida y que trascienden las cuestiones propias del arte.

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