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Marcos López en acción en el Museo Larreta
La performance que Marcos López realizó en el Museo Larreta, y que como él mismo explica fue “un asado con doce comensales masculinos que remite a mi propia foto ‘Asado en Mendiolaza’”.
"Larreta preocupado. El cotillón de Once/barrio chino/todo por dos pesos le invade el museo. Un asado con doce comensales masculinos que remite a mi propia foto 'Asado en Mendiolaza'. Remake del remake. No podía faltar el 10. Uno siempre necesita al 10. Sacarse 10. Tratar de ser un diez. Por eso Diego está cansado. Chupa. Se pelea con los periodistas...Un país entero lo persigue. Lo hastía. ...y uno siempre esta necesitando a alguien que se parezca a Cristo. Aunque sea trucho. Rubio teñido. Todo es tan obvio. Me parece que por eso repito la foto de la foto. Hago remakes de mis propias obras que a la vez son copiadas de otras obras. Ya no me quedan fuerzas -ni ganas- para nuevas ideas, porque creo que con las ideas de antes ya basta. No es necesario inventar nada.
"Después de la perfomance de tres horas seguidas comiendo un asado y tomando vino en una sala del museo, me quedé con la pregunta de que para qué sirve el teatro. Me senté un rato entre los actores, y miraba al público. Todos actuábamos. El teatro, las metáforas obvias, los chistes sirven para no sentirnos tan solos. Acompañarnos. Jugar. Entretenernos. Pasar el rato. Tampoco tengo muy claro para qué sirve tratar de profundizar en buscarle una identidad visual a un país de cartón pintado. Para que seguir remarcando en lo falso. Construyendo escenografías precarias. Iluminando con un flash directo, a los ponchazos, sin medir la luz. Nada más importa que se vea. Generar la imagen del simulacro del simulacro. La periferia de la periferia.
"Creo que lo sigo haciendo porque me tranquiliza reafirmar lo obvio. Como el niño que un cuento infantil señala al rey, y dice: 'El rey está desnudo'".


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