16 de marzo 2012 - 00:00

Más o menos mercado, pelea de fondo

El primer ministro de China, Wen Jiabao, había prenunciado la defenestración de los neomaoístas al alertar el miércoles del peligro de una nueva «revolución cultural» en el país.
El primer ministro de China, Wen Jiabao, había prenunciado la defenestración de los neomaoístas al alertar el miércoles del peligro de una nueva «revolución cultural» en el país.
Pekín - China se encuentra ante un punto de inflexión. El cese ayer del poderoso miembro del buró político Bo Xilai es sólo un indicio más de la lucha por encauzar el país y por el poder que se está librando detrás de las fotos oficiales.

La advertencia el miércoles del jefe de Gobierno Wen Jiabao de que el país podría caer de nuevo en un caos como «el de la revolución cultural» (1966-76) pone de manifiesto el alcance de las decisiones a tomar: menos Estado, más mercado; menos grupos de intereses y más aparato de partido con capacidad de responder. Y eso es lo que Wen Jiabao entiende bajo el epígrafe de «reformas políticas», las que exigió al término de la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo.

«Cuando Wen Jiabao advertía de una nueva revolución cultural si las reformas políticas no prosperaban, estaba señalando directamente lo ocurrido en Chongqing», dijo el catedrático de Política de la Universidad Popular en Pekín, Zhang Ming.

En esta metrópolis de 32 millones de habitantes, el populista líder del partido Bo Xilai había emprendido desde 2007 una campaña política neomaoísta en la que se ensalzaban canciones «rojas» de la Revolución, que gustaban sobre todo a las fuerzas de izquierda más conservadoras en el país.

Sin embargo, para el primer ministro Wen Jiabao, precisamente la falta de sentido crítico y más capitalismo de Estado no son la solución a los problemas. China más bien necesita una nueva estrategia de desarrollo. Tal como el Banco Mundial indica al Gobierno de Pekín, el actual modelo de crecimiento «no es sostenible». El predominio de las empresas estatales se tiene que reducir y el sector privado se debe reforzar. Ya en 1999 el Comité Central decidió que el Estado tenía que retirarse de las industrias y hasta ahora no ha sucedido nada.

Debido a su estrecha relación con el poder, las empresas estatales consiguen fácilmente el capital y los encargos gubernamentales, pueden influir en los que toman decisiones y manipular la ley a su conveniencia, se lamentaba Hu Shuli, la jefa de redacción del grupo mediático crítico Caixin, que firmó ayer un artículo en el South China Morning Post sobre el capitalismo de Estado. «Los grupos de interés entran como actores en el mercado. Su presencia falsifica el mercado».

Detrás del atasco en las reformas hay además una debilidad política. Y es que no son necesarias sólo reformas económicas, sino sobre todo políticas, tal como advirtió el primer ministro. Pero no se refería a reformas democráticas siguiendo el ejemplo occidental. Wen Jiabao más bien apuntaba a aquellas que «refuerzan especialmente la cúpula del partido y del Estado», para poder imponerse mejor a los poderosos grupos de intereses, tal como ocurrió recientemente con la laboriosa contención del sobrecalentado mercado inmobiliario.

Su advertencia de caos es también un reconocimiento de que en los nueve años en el poder no se ha podido implantar reformas. Los críticos hablan de «una década perdida». En lugar de haber impulsado cambios de economía de mercado, la cúpula ha permitido que la economía estatal se afiance y sofoque la competencia. El resultado de todo ello es una desbordante corrupción e injusticias sociales, lo que pone a prueba a China.

Las reformas políticas se han convertido a su vez en una cuestión de liderazgo. El futuro hombre fuerte del país, el vicepresidente Xi Jinping, que en medio año asumirá el mando, no permitirá que nadie se salga de la fila. «En los últimos años la gestión de algunos miembros del partido y funcionarios en algunas regiones y departamentos ha estado poco controlada y ha sido demasiado mansa. De los pequeños errores han surgido grandes problemas, lamentó Xi Jinping en un discurso que se publica editado en la edición de hoy de la revista del partido Qiushi.

Todo aquel que no vea los errores que comete, que no siga la línea del partido y tome decisiones por su cuenta será castigado, afirma Xi Jinping instando al orden en su partido. «Tenemos que deshacernos de aquellos cuya ideología se ha desmoronado hasta la desesperanza».

Agencia DPA

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