Tal vez la noticia más importante de la jornada fue la paliza que recibió la moneda común europea. De manera puntual podemos mencionar como disparadores del malhumor en el frente cambiario a la crisis griega, que sigue sin encontrar un camino de solución, a lo que se agregó el anuncio de que la calificadora Fitch le bajaba el rating a la deuda soberana de Portugal (de AA a AA-). Pero si el euro quedó ayer en el mínimo de los últimos 10 meses frente al dólar, no fue por algún hecho particular, sino como respuesta al evidente fracaso de la Unión Europea (el FMI ya forma parte del eventual rescate a Grecia) para enfrentar su primer crisis económica. Como suele ocurrir cuando tenemos una suba del dólar, el precio de los commodities se movió a la baja golpeando a las cotizantes más vinculadas, lo que explica al menos en parte la debilidad del Dow. A esto podemos sumar que el Departamento de Comercio anunció que la venta de viviendas nuevas durante febrero fue la menor desde que se llevan los registros, lo que dicho de manera más clara significa que la economía sigue, cuando menos, floja (el incremento en las órdenes de bienes durables no fue considerado de importancia por los inversores) y una nueva licitación de notas del Tesoro (esta vez a cinco años) cuyo resultado estuvo lejos de poder calificarse de exitoso (la tasa a 10 años trepó a 3,83%). Como resultado final, el Promedio
Industrial terminó la jornada retrocediendo un 0,48%, a 10.836,15 puntos, con un aumento (ligero) de lo negociado a poco más de 1.000 millones de acciones. ¿Cambió ayer el escenario? La respuesta más probable es que no. De todas formas, esto significa que conviene seguir siendo extremadamente prudentes.
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