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“Medusas”: agridulces historias cruzadas
«Medusas» es el notable debut de los directores israelíes Etgar Keret y su esposa Shira Geffen, autores con creatividad, ingenio, conocimiento de las personas y del absurdo cotidiano.
Al comienzo, las protagonistas de esta pequeña comedia sentimental están verdaderamente mal, y parece que les podría ir todavía peor. Una se quiebra la pierna en su propia fiesta de casamiento, y en vez de luna de miel en el Caribe la pasa inmóvil en un hotel cualunque, mientras el joven marido conoce a una atractiva escritora recluida en otro piso. Otra, camarera del local donde fue la fiesta, no está en su mejor momento, tiene recuerdos tristes, y encima siente que debe hacerse cargo de una nena que apareció en el lugar menos pensado y se le pegó sin decir palabra. Y la tercera es una filipina que cuida señoras grandes mientras junta dinero para regalarle algo importante al hijo que quedó allá lejos. Una de esas señoras grandes, de bastante carácter, por seguir con los eufemismos, también sufre lo suyo, enfrentada a una hija que eligió ser artista. Por suerte, a ninguna de ellas le irá peor. Al contrario, cada una encontrará la segunda oportunidad que estaba buscando sin saberlo. Cada una tendrá, además, un espejo, más que una molestia, en la otra persona. Sobre todo, la chica sola, ya que, de algún modo, la niña que se le pegó es como una representación de su propia infancia, una visión necesaria para recordar ciertos sentimientos y superar etapas, o al menos encontrarles refrescante consuelo. En ese sentido, y en otros, el desenlace es muy gracioso.
La película entera tiene gracia melancólica, tierna, de humor agridulce, a veces un poco triste, a veces un poco burlona, depende nuestra capacidad de compasión, o de comprensión. Y es ingeniosa, jugando muchas veces con la realidad, para alivio, deleite, y mejor entretenimiento del espectador, que sigue estas historias correlacionadas de soledad, incomunicación familiar y soluciones afectivas, valorando no sólo el sentimiento humano manifestado en cada una, sino también el entramado artístico y psicológico que hace todavía más atractivo el conjunto.
Autores, con mucha creatividad, ingenio, conocimiento de las personas y del absurdo cotidiano, el escritor e historietista Etgar Keret y su esposa Shira Geffen, dramaturga y autora de libros para niños. Detalle valorable, para hacer éste, su primer film, no se apoyaron en la literatura haciendo largos diálogos o personajes de esos que solo pueden habitar en las páginas (como bien podría temerse, dados sus oficios). Más bien aprovecharon para desarrollar una gozosa cantidad de imágenes y situaciones puramente visuales, muy ricas. Muchas de ellas tienen que ver con el agua, a veces de modo risueño o inesperado, con trasfondo simbólico y tono poético. Digamos que hay mucha agua en la película. Pero que la película no hace agua en ningún momento. Está bien armada, amén de bien actuada. Deja una sensación agradable. Y vale la pena.


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