24 de mayo 2010 - 00:00

Mejor el grupo “soporte” que la atracción central

«Bridgestone Music Festival». Overtone Quartet: D. Holland (contrabajo), C. Potter (saxo), E. Harland (batería) y J. Moran (piano, teclados) y el Kurt Rosenwinkel trio: K.Rosenwinkel (guitarra), E. Reeves (contrabajo) y Ted Poor (batería). (Teatro Coliseo, 22 de mayo). 

Salvo por la muy larga extensión de un concierto que fue una función doble, o por la presencia en el mismo escenario y en la misma noche de dos formaciones que, de otro modo, difícilmente hubieran compartido espacio y público, lo que ocurrió en el Coliseo no tuvo aspecto de festival. Con una única jornada y sin más puesta que la de un show convencional, lo de Buenos Aires con el «Bridgestone Music Festival» (a diferencia de Brasil, de donde llegó el Overtone Quartet después de tocar en San Pablo y donde sí está consolidado este encuentro como tal) es, por el momento, sólo un proyecto para avanzar en el futuro.

La elección de dos artistas tan distintos para una misma noche, en cambio, terminó siendo contraproducente. Para el cuarteto porque le tocó jugar, injustamente, de «soporte», abriendo el show de un artista importante pero de menor jerarquía. Y para el guitarrista Rosenwinkel porque puesto a cerrar una noche que había sido brillante en su comienzo, tuvo que presenciar cómo mucho público fue abandonando la sala a medida que transcurría su actuación.

Kurt Rosenwinkel es un buen guitarrista, con buena técnica, con un sonido elegante y una habilidad profesional para la improvisación y las escalas aceleradas. Se rodea de dos buenos músicos que le arman una buena base y también se atreven con solos respetables. Pero la música que hacen -con temas propios que se mezclan con «standards»- parece escuchada con anterioridad, las improvisaciones repiten fórmulas remanidas, y todo transcurre como si fuera una jam session a la que le faltan las mesitas de bar y los vasos sobre ellas. Y, como decíamos, para peor le tocó subir al escenario luego de lo que fue uno de los momentos más importantes que ha tenido la música este año en Buenos Aires.

Es que el Overtone Quartet es una conjunción de lo mejor que puede dar hoy el jazz clásico; con una salvedad: estamos ante músicos que jamás abandonan los esquemas tradicionales del género pero a la vez se las arreglan para ser innovadores, creativos, originales, sorprendentes. Cuando uno cree que es el líder de cuarteto Dave Holland el que se lleva las palmas (la dulzura de su sonido y su infinita creatividad nos dejan siempre con la boca abierta), aparecen sus compañeros para demostrars que todos comparten el mismo nivel. Jason Moran es endiablado con el piano de cola y buen armonizador y creador de climas desde los teclados electrónicos. Chris Potter sigue estando entre los más sobresalientes saxofonistas de la actualidad -afortunadamente, el público argentino ha tenido la posibilidad de escucharlo ya varias veces- y volvió a demostrarlo esta vez. Y lo que hace Eric Harland echa por tierra aquello de que los largos solos de batería son necesariamente aburridos, y «canta» con los parches y los platos como si tocara un instrumento melódico. El Overtone hizo una serie de temas propios, repartidos democráticamente entre los integrantes del grupo. De todos modos, los títulos son lo de menos, porque la maestría está en lo que sucede con la interpretación de estos músicos enormes que, una vez más, hicieron maravillosamente su trabajo.

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