19 de septiembre 2012 - 00:31

Mendoza congela plan para habilitar la reelección

CONDICIONAMIENTO DE LA UCR FRUSTRÓ INTENTO DEL OFICIALISMO

Francisco Pérez
Francisco Pérez
El Gobierno justicialista de Francisco Pérez decidió ayer postergar el ansiado proyecto de ley para modificar la Constitución de Mendoza e incluir la figura de reelección para los cargos ejecutivos, ante el rotundo rechazo manifestado públicamente por la UCR local.

Luego de que el radicalismo intente capitalizar los cacerolazos del jueves pasado que se concentraron en la capital cuyana y en San Rafael, el Gobierno provincial -identificado explícitamente con el nacional- congeló con la premisa de buscar «mejor clima de diálogo» el impulso reformista que desde la asunción de Pérez en diciembre le apunta a la carta magna.

El proyecto oficialista pretende incluir la cláusula de una primera reelección en la Constitución provincial, a diferencia de la discusión que podría darse a nivel nacional para habilitar a Cristina de Kirchner a competir en 2015. A la par, la gestión local peronista suma en el texto de la iniciativa la limitación de mandatos para legisladores e intendentes. De los 315 cargos electivos que se ponen en juego en la provincia en cada sufragio, 313 cuentan con la reelección indefinida: solamente el gobernador y el vice no pueden presentarse para un segundo mandato.

Para lograr su cometido, Pérez precisa sí o sí un acuerdo con la UCR y el Partido Demócrata, a pesar de contar con la principal mayoría en la Legislatura. El consenso lo obliga la ley provincial, que para una reforma constitucional pone como condición el aval de dos tercios del Parlamento.

Hasta el momento, las banderas opositoras abogaron estar a favor de avanzar en una reforma sólo política y, aunque en parte acuerdan incluir la reelección, no quieren que Pérez participe nuevamente en la carrera para 2015. Para ceder esa postura, se intentó negociar la separación de las elecciones provinciales de la nacional.

Cacerolazos mediante, los radicales ahora evalúan que con una reforma electoral simple, es decir que precisa apenas de la mitad más uno de los legisladores (y sumando al PD lo logran), podrían conseguir el desdoblamiento de los comicios, más la boleta única y un plan de financiamiento para los partidos, sin llegar a tocar la carta magna.

«No vamos a permitir que avancen con parches», anticiparon a este diario desde la gobernación y confirmaron que Pérez vetaría cualquier movida legislativa de la oposición que implique la separación del sufragio local del nacional. No sólo porque se reconoce beneficiario del arrastre del triunfo de Cristina de Kirchner en octubre pasado, sino también porque no permitiría que la UCR adelante un casillero si no lo dejan jugar de candidato en la próxima puja electoral.

En tanto, los radicales del equipo del exvicepresidente Julio Cobos se oponen a todo tipo de reforma sin concesiones, mientras que los seguidores del titular del partido en Mendoza, Alfredo Cornejo, accederían a respaldar la reelección si excluye a Pérez. Más allá de los detalles, los une el convencimiento de que para disputar la gobernación en tres años, más que separar los comicios provinciales del nacional, deben inhabilitar al actual mandatario. Los motiva una razón histórica y simple: cuenta con más recursos para una campaña electoral.

Así las cosas, en medio de las crecientes especulaciones sobre la posibilidad de que se habilite a la Presidente para una segunda reelección, las réplicas en el interior de las manifestaciones con cacerolas del jueves le impusieron una nueva lectura a un debate que en Mendoza se viene postergando desde la vuelta a la democracia en 1983.

Con Santa Fe, el distrito cuyano integra el dúo de los que aún no permiten dos períodos consecutivos para el gobernador y el vice.

Salvando las distancias del caso, la incógnita es si el retroceso cuyano generará en el terreno nacional un impacto similar al causado en 2006 por la derrota del mandatario misionero Carlos Rovira en las elecciones convencionales constituyentes, lo que le clausuró la posibilidad de instalar la reelección indefinida en su provincia para poder pelear otro mandato.

La estrategia de Rovira había sido fogoneada por el propio Néstor Kirchner, pensándolo como ensayo para el propio futuro del kirchnerismo a nivel país.

Pero el traspié del cacique de Misiones -golpeado por una coalición opositora encabezada por el combativo obispo emérito de Iguazú, Joaquín Piña- dejó políticamente a trasmano a otros gobernadores que también soñaban con la llave reformista o la pelea judicial para batallar otra gestión consecutiva y que debieron resignar sus aspiraciones, como el jujeño Eduardo Fellner y el bonaerense Felipe Solá.

Dejá tu comentario