5 de enero 2015 - 00:00

Mercados cautelosos por dato de empleo en EE.UU.

Mario Draghi y Janet Yellen
Mario Draghi y Janet Yellen
 Comienza la primera semana a pleno en los mercados mundiales con la atención puesta el próximo viernes en la publicación del Informe de Empleo de diciembre en EE.UU. Los analistas se muestran cautelosos porque los datos podrían decepcionar, no porque no alcancen las previsiones, sino por la fortaleza que ya mostraron los publicados en noviembre, lo que podría influir en la estrategia de la Fed.

El consenso estima que en diciembre se crearon 215.000 puestos de trabajo y que la tasa de desempleo cayó al 5,7%, desde el 5,8% de noviembre. Aunque los datos finales podrían alcanzar estos pronósticos, los anteriores correspondientes a noviembre fueron tan buenos que los inversores han elevado las expectativas. Cabe recordar que en noviembre se crearon 321.000 empleos, en la mayor suba mensual desde 2012; mientras que el consenso del mercado esperaba una cifra de 235.000 (además se revisaron al alza los datos de octubre de 214.000 a 243.000 y de septiembre de 256.000 a 271.000).

Antes del dato clave del viernes, el miércoles se conocerán las actas de la última reunión de la Fed bajo el comando de Janet Yellen, de mediados de diciembre, y se especula con tener más pistas sobre cuándo comenzará a subir las tasas de interés.

Otro tema que inquieta es el escepticismo que reina en la eurozona respecto del impacto del programa de compras masivas de deuda que se prevé ponga en marcha este año el Banco Central Europeo (BCE), a lo que se le suma ahora el caso griego. Los economistas del Viejo Continente sostienen que una "QE" (quantitative easing) masiva, al estilo de la Fed, fallará en reactivar la economía del bloque. Es que el contexto en el que se mueve el titular del BCE, Mario Draghi, está flanqueado de un lado por una recuperación lenta, y por otro, por una inflación en descenso. Ambos factores han potenciado los temores de otra crisis financiera en la eurozona, y presionan al BCE para que no escuchen la oposición de Alemania y compren deuda soberana (la próxima reunión del BCE es el 22 de enero). La visión de los técnicos es que a pesar de que el BCE compre masivamente deuda soberana, la inflación y el crecimiento económico seguirán débiles. Ya que si bien una QE puede ayudar a elevar las expectativas de inflación y depreciar el euro, no sería patear el tablero. Las compras podrían reducir los costos de financiación de los gobiernos y ayudar a los ministros de Finanzas de los países altamente endeudados y a sus bancos, pero no modificarán el bajo crecimiento ni los niveles de inflación y sólo impulsarían los precios de los activos financieros.

En cuanto al caso griego, los inversores monitorean el devenir hacia las elecciones del 25 de enero que serán cruciales para la eurozona, debido a que los resultados podrían afectar los compromisos financieros helenos y tener algún efecto dominó sobre otros países miembros. La clave pasa por la alta probabilidad de que el partido de izquierda Syriza tome el poder, ya que su programa incluye la reestructuración de la deuda helena y mayor gasto público para impulsar el crecimiento. El interrogante es si un Gobierno de Syriza no llegue a un acuerdo sobre la deuda con la Troika y Grecia caiga en default. Según los últimos sondeos, los bancos de inversión no ven una alta probabilidad de que Grecia caiga en una crisis grave con potencial salida del euro y que otro país lo acompañe.

En este contexto vale contemplar que la situación griega puede afectar los planes del BCE de iniciar el programa de compra de deuda pública, retrasándolo o complicándolo seriamente, dado que el BCE no se arriesgará a comprar deuda griega si puede que Syriza fuerce una reestructuración. Por ello, podría retrasar el anuncio de compra de bonos soberanos hasta la reunión del 5 de marzo. Claro que existe siempre la alternativa de que pueda estructurar el programa de manera que sean los bancos centrales de cada país los que asuman el riesgo, de tal forma que sea el Banco Central de Grecia el que incorpore en su balance la compra de deuda soberana.

Cabe señalar que si bien una crisis griega es ahora un riesgo potencial, la eurozona se ha dotado de mecanismos para manejar estos eventos, por lo que podría gestionarla con daños temporales y limitados, sobre todo con el objetivo de prevenir daños colaterales, o sea, el posible contagio de la crisis a otros miembros del bloque.

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