6 de mayo 2011 - 00:00

“Mercosur dejará de ser un cúmulo de dificultades”

«Estoy para encabezar la institucionalización del Mercosur» son las palabras con las que ahora se presenta Samuel Pinheiro Guimaraes, el brasileño que en febrero inauguró el nuevo cargo de alto representante general del bloque. No es Guimaraes, precisamente, un improvisado en las artes diplomáticas: durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva fue el número 2 de Itamaraty y, al jubilarse, se hizo cargo del Ministerio de Asuntos Estratégicos. Por eso apenas pierde su aplomo cuando se le pregunta si su nueva función puede ser comparada con la legendaria jefatura del economista francés Jacques Delors en los 90, durante los primeros pasos de la Unión Europea.

Y reitera: «Mi cargo es otro paso más en el proceso de institucionalización: así como se creó el Parlamento del Mercosur, o en el pasado fue Ouro Preto, o desde 2006 el Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM) para equilibrar las asimetrías, ahora en 2011, cuando se cumplen veinte años del Tratado de Asunción, vamos a relanzar el proceso».

¿Las razones? «En 1991, los cuatro países del Mercosur creíamos en que el Estado debía ser mínimo, que había que bajar aranceles, impuestos. En cambio, hoy, todos sabemos que, por un lado, debe haber tolerancia, pero por el otro, no debe haber desvío de comercio», dice, apuntando a la línea de flotación de un Mercosur enrevesado por la guerra de licencias no automáticas entre el secretario de Comercio Interior argentino, Guillermo Moreno, de un lado, y el Gobierno de Dilma Rousseff y la FIESP paulista del otro.

«Estamos en un período favorable de expansión económica en la región», agrega Guimaraes, para luego bajarle un tono a la referencia anterior sobre la cuestión de aranceles entre la Argentina y Brasil: «Lo que importa no es si las reglas se cumplen, sino el crecimiento económico». Y pasa, luego, a describir la necesidad de invertir en infraestructura («las inversiones son presencia permanente», dice), de concretar el asunto pendiente de la libre circulación de personas, y de la ampliación de integrantes del Mercosur. «Que vengan todos los países que así lo deseen», declara a este diario.

No puede con su genio anti-Washington el alto representante general del Mercosur cuando se le pregunta cómo está lo del ingreso de Venezuela al bloque, en stand-by debido a la negativa del Senado de Paraguay a abrirle la puerta a un país que no considera que tenga una «democracia plena». «¿Usted conoce a algún periodista preso en Venezuela?, ¿sabe de algún político opositor preso en Venezuela?», pregunta casi enojándose. Ni falta hace recordarle que Hugo Chá cerró 34 radios, persiguió a los dueños de los dos mayores canales de TV (y a uno le negó la renovación de licencia), y tiene una treintena de políticos perseguidos, asilados fuera de Venezuela, además de encarcelado al opositor Alejandro Peña Esclusa, por caso.

«Mi visión del Mercosur no es técnica, sino política», sentencia, en la búsqueda de retomar el hilo conductor. «Debemos reflexionar sobre los objetivos del Mercosur, hacer un relevamiento de sus logros, identificar los asuntos pendientes y, sobre todo, cambiar esa imagen de que es un cúmulo de dificultades», dice.

Cuadro de situación

De allí que Samuel Pinheiro Guimaraes haya visitado Paraguay primero, y Uruguay y la Argentina, después. Para luego de entrevistarse con el establishment político y gubernamental de cada uno de ellos y diseñar un cuadro de situación desde donde retomar al Mercosur «institucionalizado».

En cuanto a la Argentina, seguramente de su gira de tres días se haya llevado el más optimista de los diagnósticos: se entrevistó con Amado Boudou, Daniel Filmus, Julio De Vido, Carlos Tomada, Débora Giorgi, Julián Domínguez y Héctor Timerman. También con los diputados Gabriela Michetti y Alfredo Atanasof, presidentes respectivamente de las comisiones de Mercosur y Relaciones Exteriores.

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