4 de junio 2012 - 00:00

Messi y compañía

Lionel Messi se abraza con Gonzalo Higuaín y con Ángel Di María. En la foto falta el «Kun» Agüero para conformar el «cuarteto» ofensivo que tan bien rindió ante Ecuador.
Lionel Messi se abraza con Gonzalo Higuaín y con Ángel Di María. En la foto falta el «Kun» Agüero para conformar el «cuarteto» ofensivo que tan bien rindió ante Ecuador.
Desde aquel 17 de agosto de 2005, cuando José Pekerman lo hizo debutar ante Hungría (y duró menos de un minuto, porque lo expulsaron por agresión apenas entró), los técnicos de la Selección han tenido una preocupación prioritaria, y es la forma de «rodear» a Lionel Messi, para que se sienta cómodo y marque las diferencias, como lo hace en el Barcelona.

Pekerman lo quiso dosificar y hasta hoy le reprochan no haberlo hecho entrar en aquel partido del Mundial 2006 ante Alemania, donde Argentina quedó eliminada por penales.

Diego Maradona optó por «trabajarle el ego» y le cedió su camiseta número 10, dándole libertad por toda la cancha, pero lo que hizo fue ponerle mucha responsabilidad encima, y Messi quiso hacer «todo», pero hizo muy poco (ni siquiera marcó un gol en el Mundial 2010).

Sergio Batista quiso recrearle el Barcelona para que se luciera, pero no pudo «nacionalizar» ni a Xavi, ni a Iniesta, y lo que consiguió fue un equipo aburrido que movía la pelota hacia los costados y no se decidía a atacar nunca.

Alejandro Sabella es quien parece entenderlo más. Le sacó presión y lo rodeó de jugadores de buen pie, para que se junten y toquen el balón, sin la lentitud del equipo de Batista, y con eso consiguió a un Messi «más parecido» al de Barcelona. Ahora se dio cuenta de que no tiene volantes de tan buen manejo e imaginación como hay en Barcelona, pero tiene delanteros de los mejores del mundo, por lo que se decidió a jugar con un tridente ofensivo, que en realidad es un cuarteto porque Ángel Di María está mucho más en campo contrario, que en el propio.

Esta idea que parecía muy osada, más para un técnico de la escuela de Estudiantes de La Plata, hizo que la Selección jugara el mejor partido en Eliminatorias de mucho tiempo y que ganara con comodidad a un rival que llevaba dos Eliminatorias complicándolo.

Es cierto que el adversario salió a defenderse desde el primer minuto, pero es lo mismo que hizo Bolivia en la Copa América y en las Eliminatorias, y se llevó un empate, y también es cierto que habrá que probar el esquema con un rival de más categoría, por eso sería bueno que lo repitiera el sábado ante Brasil.

La Selección consiguió lo más difícil. Tiene un ataque aplastante, ahora debe mejorar la defensa. El sábado Sabella encontró a un defensor de categoría, como Federico Fernández (alguien que él vio nacer en Estudiantes); le falta encontrar el compañero más apto y los dos laterales, que quizá, con tanta explosión del medio hacia arriba, pueden ser dos centrales adaptados a la posición, porque no les hace falta proyectarse mucho.

Messi ya tiene la compañía deseada y se lo ve feliz, siendo parte del circuito ofensivo, dosificando sus «apiladas» para sorprender y sabiendo que si él no tiene un buen día en el arco rival, están Agüero, Higuaín o Di María para resolver el partido.

Sabella ha demostrado ser un técnico que no tiene prejuicios al armar un dibujo táctico. Que prefiere adaptarse a los jugadores a que los jugadores se adapten a sus dibujos.

Su gran desafío puede ser incluir en este equipo a Juan Román Riquelme, que está jugando como en sus mejores momentos, pero es un riesgo que por ahora no quiere tomar, sobre todo porque costó mucho «tener cómodo» a Lionel Messi y ahora que lo consiguió, no va a cambiar por cambiar.

Lo que tiene que conseguir es más solvencia defensiva y que Mascherano (que no estará en el próximo partido de Eliminatorias) no tenga que recorrer tantos metros para cubrir a sus compañeros y se exponga a faltas innecesarias.

Para eso tiene que unir más las líneas, pero eso se consigue con tiempo y trabajo y teniendo los jugadores tres días o a lo sumo una semana antes de los partidos es muy difícil lograrlo.

Lo importante es que consiguió lo más difícil, que las cuatro estrellas que tiene adelante rindan como en sus equipos.

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