México: el horror narco se ensaña ahora con los niños

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Ciudad de México - En la cara más espeluznante de la violencia del narcotráfico en México, cientos de niños y adolescentes han muerto, primero víctimas de fuegos cruzados y más recientemente por carteles que los asesinan para enviar horrendos mensajes a sus rivales.

En la pugna por territorios y las rutas de las drogas entre sanguinarios grupos de traficantes, la población más vulnerable, que hasta hace un tiempo era respetada por los narcotraficantes, está siendo atacada, dejando desoladas a familias enteras y despertando preocupación en las Naciones Unidas y en activistas.

Desde que el Gobierno de Felipe Calderón lanzó una ofensiva contra los carteles a fines de 2006, unos 1.300 menores, incluyendo a recién nacidos, han fallecido en hechos ligados al narcotráfico o al crimen organizado, según datos de la organización civil Red por los Derechos de la Infancia en México.

En algunos casos, niños fueron descuartizados como forma de enviar mensajes de amedrentamiento entre bandas rivales.

En la fronteriza Ciudad Juárez, el peor foco de violencia y la principal ruta de drogas a Estados Unidos, sicarios han entrado a fiestas juveniles, como celebraciones de cumpleaños, disparando indiscriminadamente y matando a decenas de menores.

«Tenía tres, me quedaron dos hijas; al único (varón) se lo comieron, no hay justicia», dijo Agustina Carrillo, madre de Ernesto, de 17 años, asesinado de un disparo en la sien por un jugador del equipo rival tras anotar un gol en una cancha que el Gobierno federal construye para fomentar el deporte.

«La vida (aquí) es un desastre», agregó Carrillo. En la industrial ciudad fueron asesinadas más de 9.000 personas desde enero de 2008. La mamá de Ernesto afirma que el asesino de su hijo vende drogas y está protegido por policías.

Los niños y muchachos asesinados forman parte de las más de 40.000 muertes vinculadas a la violencia del narcotráfico que se registraron en el país desde que Calderón asumió hace cuatro años y medio, y lanzó operativos frontales contra los carteles. Las ejecuciones de jóvenes de 16 a 20 años en el estado de Chihuahua, donde se ubica Ciudad Juárez, subieron a 386 en 2010 desde 136 de 2008, según una base de datos de la presidencia.

Según la Red por los Derechos de la Infancia, de enero a junio de este año se registraron en el país unas 130 muertes de niños por violencia ligada al narcotráfico, en comparación con los 82 casos del mismo período del año pasado.

Para Javier Oliva, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las ejecuciones por encargo contra menores muestran la descomposición de la criminalidad y el alto nivel de violencia que son capaces de promover los carteles por el control del mercado de las drogas.

«Lo lamentable es que a gran parte de estos niños y adolescentes los acribillan porque sus padres son narcomenudistas o se dedican a alguna parte del trasiego de drogas y no hay consideración de tipo alguno», dijo Oliva.

Los criminales también matan a niños porque los familiares no lograron pagar el rescate de un secuestro.

La alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navi Pillay, conoció en una reciente visita a México el caso de una señora que vio cómo mataron a su hija de 16 años en un video que le enviaron supuestos secuestradores.

En otros casos, jóvenes sicarios que forman parte de los carteles mueren en combates contra las fuerzas de seguridad o de bandas entre sí. Pérez dijo que unos 30.000 menores de 18 años han sido reclutados por el crimen organizado en México bajo amenazas o con el atractivo del dinero fácil.

Tres menores de edad, que al parecer formaban parte de un grupo criminal, fueron abatidos por militares hace unos días durante un enfrentamiento en las inmediaciones de Monterrey, la ciudad más rica del país y donde a menudo hay ejecuciones debido al choque entre los carteles del Golfo y los Zetas.

Un caso emblemático fue el de Bryan y Martín Almanza, de cinco y nueve años, respectivamente, cuyos padres acusan a militares de haberles disparado y arrojado granadas en un retén en el norteño estado de Tamaulipas.

«Me quitaron a dos de mis niños. ¿Quién me los va a regresar? Pues nadie. Les decía (a los soldados) que no nos tiraran porque había niños, pero me ignoraron», dijo Cinthia Salazar, madre de los chicos.

El Ejército dijo que las muertes fueron producto de un ataque de sicarios contra los soldados mientras los niños Almanza viajaban con su familia en una camioneta. No obstante, abrió una investigación a pedido del ombudsman nacional.

Agencia Reuters

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