• MARCELO BIRMAN DIRIGE "EL ENFERMO IMAGINARIO", CON MÚSICA DE CHARPENTIER Con instrumentos de época, el espectáculo se verá con dramaturgia de Gonzalo Demaría, puesta de Pablo Maritano y coreografía de Carlos Trunsky.
Birman. Cuatro noches con Molière y Marc-Antoine-Charpentier.
Mañana, en el Anfiteatro del Parque Centenario, subirá a escena "El enfermo imaginario", espectáculo basado en la obra homónima de Molière y Marc-Antoine-Charpentier. Los responsables son el dramaturgo Gonzalo Demaría, el director de escena Pablo Maritano, el coreógrafo Carlos Trunsky y Marcelo Birman, director musical y responsable de la Compañía de las Luces, ensamble con instrumentos de época (y especializado en el barroco francés) que estará a cargo de los fragmentos de Charpentier y Lully que se escucharán. El espectáculo, enmarcado en la actividad de la Ópera de Cámara del Teatro Colón, contará con la participación de Fabián Minelli, Oriana Favaro, Iván García, Iván Maier, Trinidad Goyeneche, Esteban Manzano y Mariano Gladic, entre otros. Habrá cuatro funciones gratuitas, mañana, 10, 12 y 13 de noviembre, siempre a las 20. Dialogamos con Birman:
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Periodista: ¿Cuál es la génesis de esta adaptación?
Marcelo Birman: Si bien esta obra conserva el título del original de Charpentier, es una "mélange" de distintos momentos vinculados tanto a este autor como a Lully. A partir de la idea de "El enfermo imaginario", y a través de la dramaturgia de Gonzalo Demaría, se fueron hilvanando distintas escenas, con un dejo de la estructura casi de la tragedia lírica en cinco actos, pero con el concepto original de lo que crearon Molière, Lully y Beauchamp, el coreógrafo, que fue la comedia-ballet, cuyos elementos conserva este espectáculo. Hay teatro, danza y música, que aquí es una selección de momentos de la pieza original, pero aprovechamos la enemistad famosa entre Charpentier y Lully para amigarlos un poco, y entonces se mezclan momentos de esta obra con otros de los "Te Deum" de Lully y Charpentier, y otras obras en las que intervino Moliere. Además nos aventuramos a incluir textos de Philippe Quinault (nota: libretista de varias obras de Lully). Pensamos en conservar la unión de estos tres elementos, y también del equipo de trabajo: aquí volvemos a confluir Maritano, Trunsky y yo, y esa tríada, a la que se sumó Gonzalo Demaría, es interesante en ese aspecto. Siempre me divierte mucho, y me dejé llevar por esa situación. Está la partitura original, pero la estructura es completamente diferente.
P.: ¿Qué se conserva entonces del argumento original en esta versión?
M. B.: La figura de Argan está presente, pero es una especie de Argan-Molière, que padece la realidad hospitalaria de hoy en día, pero con un concepto que ronda por momentos una cierta crueldad, pero en otros tiene una cierta candidez. Hemos mantenido los momentos de "commedia dell'arte" originales, y ese sentido chispeante que agregó Charpentier. La combinación da un buen espectáculo final.
P.: ¿Cómo ve la figura de Charpentier en el barroco francés?
M. B.: Este espectáculo vendría a ser un acto reivindicatorio de este autor, si bien con la Compañía habíamos hecho "David y Jonathas". Me encanta su música, su profundidad expresiva, su colorido, muy diferente a Lully. Todos sabemos que casi no pudo hacer ópera por su enemistad con Lully, un déspota que autorizaba a quiénes podían o no escribir para el rey y con qué cantidad de músicos. Lully se encargó de aplastarlo, por lo que su música fue casi olvidada. Naturalmente se dio esto de unir la música de ambos.
P.: Usted ha sido un pionero de la interpretación en la Argentina de obras del Barroco francés. Después de estos años de trabajo, ¿advierte que este estilo está más asentado entre nosotros?
M. B.: Sí. En este espectáculo tratamos de abrir esta música, hacer que sea mucho más accesible, que el público pueda encontrar empatía con esta música desde los primeros compases. Fuimos cuidadosos en esa selección, y tratamos de conservar el espíritu francés del contraste entre los distintos afectos. Es caso como una selección de "highlights" de la comedia, por supuesto con una estética que caracteriza a Pablo, y también con Trunsky y Demaría. Lo lindo de este espectáculo es que fue creado sobre la marcha, adaptando momentos, viendo hacia dónde íbamos. La concepción fue un momento muy creativo: normalmente uno en este repertorio toma la partitura y se divierte con la interpretación. Aquí nos permitimos recrear con el material que nos da vuelta en la cabeza.
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