17 de junio 2014 - 00:31

Monárquicos se preparan para copar Madrid y así acallar toda polémica

• MAÑANA SE DESPIDE JUAN CARLOS Y EL JUEVES PROCLAMAN A FELIPE VI.
• EFERVESCENCIA EN LAS CALLES POR LA CORONACIÓN.

En las últimas apariciones públicas, el todavía rey Juan Carlos ha caminado con asistencia de un bastón y un acompañante.
En las últimas apariciones públicas, el todavía rey Juan Carlos ha caminado con asistencia de un bastón y un acompañante.
Madrid - Si la Casa Real -los dignatarios o sus estrategas- hubiera buscado el mejor momento para el trámite de la sucesión, sería éste, cuando gobierna España un partido identificado con la monarquía y el Parlamento está dominado por dos fuerzas adheridas por convicción o por oportunidad a esa institución, como son el PP y el PSOE. Con ese capital, la abdicación que aprobará hoy el Senado con un 90% de los votos -más que el 85% de la votación en Diputados la semana pasada-, el cambio más traumático del sistema español en el último medio siglo, ocurre de manera agazapada, para algunos casi con vergüenza, como buscando que tamaña revolución se note lo menos posible.

Esperar otra oportunidad en el futuro habría implicado poner en riesgo la existencia misma de la monarquía: el Partido Popular puede perder el Gobierno y el Partido Socialista Obrero Español ha entrado en un torbellino entrópico después de las elecciones europeas del 25 de mayo, que exaltaron al radicalismo insurgente de Podemos al punto de obtener, casi desde la nada, cinco bancas de eurodiputados. En ese futuro incierto, el debate sobre si debe seguir existiendo la monarquía -que en la actual legislatura no tiene sustento alguno- saltaría a la superficie con pronósticos inciertos.

Con ese capital -seguramente provisorio, como son los capitales políticos-, el rey Juan Carlos verá aprobada hoy en el Senado la ley de abdicación. Habrá tres mociones de veto de quienes en esa Cámara pretenden el rechazo y que se convoque a un referendo sobre el cambio de sistema, pero ni eso, ni la ausencia de varios bloques opositores, impedirá que se perfeccione esa ley que llevará el jueves a la proclamación de Felipe VI.

Ayuda a esa explosión controlada, cuyos efectos la monarquía ya evalúa como menores, el hecho que esto ocurra en Madrid, también gobernada por el PP y cuyos mandatarios han llamado a que los adherentes a la monarquía inunden el jueves las calles para acompañar la exaltación de Felipe al trono y el paseo desde las Cortes hasta el Palacio Real, donde se festejará, con más de 1.500 invitados y la presencia del saliente Juan Carlos I, esta segunda transición.

Con aire y prosa propios de la comedia del Siglo de Oro, la alcaldesa de Madrid, Ana Botella -es la mujer del expremier conservador José María Aznar-, publicó ayer un "bando" en todos los diarios a página entera en el que invita a los madrileños a festejar al rey que se va, al rey que viene, a la reina Sofía y a la institución monárquica. Con el mazo dando, de paso, dictó la prohibición para que el mismo jueves se hiciera una manifestación de organizaciones republicanas que querían contrastar con la euforia monárquica del oficialismo. Argumentó razones de seguridad y que si dan otra fecha no habría problemas para autorizarla. En términos más enfáticos, la presidenta del PP de Madrid y expresidenta de la comunidad autonómica, Esperanza Aguirre, hizo lo mismo en una nota en el diario ABC, en la cual agregó que la segunda República de 1931-1936 había sido uno de los desastres más graves de la historia patria.

Se entiende la medida de impedir que el festejo por la asunción del nuevo rey se empañe con barras contrarias: la ciudad ha sido puesta en estado de "alerta 2" en prevención de atentados durante los actos de asunción, se movilizarán más de 7.000 policías venidos de toda España y la zona de los actos -la de las Cortes y del Palacio Real- aparecerá ese día bajo blindaje. Como en las cumbres de mandatarios, también se cerrará ese día el espacio aéreo de Madrid.

Estas medidas no parecen alterar la vida habitual en un Madrid más que primaveral y donde ya comienzan a llegar los turistas. Ayer las cámaras de comercio distribuyeron 10 mil banderas españolas para que el público -como pide la alcaldesa Botella- las cuelgue en ventanas y balcones. Una cámara empresarial agregó 50 mil fotografías de la nueva pareja real -Felipe y Letizia- para que los comercios las pongan en sus vidrieras. En algunos barrios y esquinas ya abunda el merchandising real con pins, banderines, retratos, botones, pastilleros, abanicos y otras bisuterías promonárquicas.

Ni esas medidas de seguridad, ni las efusiones proselitistas ni los debates sobre monarquía sí/monarquía no que empiezan a languidecer en las tertulias -paneles- de radio y TV alcanzan para alterar la rutina diaria. Mientras, crece la avidez de quienes se sienten en condiciones de aspirar a las invitaciones para la proclamación de Felipe VI ante la Asamblea Legislativa o las 150 que emite el protocolo de la Zarzuela al acto de mañana, en el cual el rey promulgará la ley de abdicación.

Ni que decir la demanda, ante las mismas ventanillas, que hay por las 2.000 invitaciones a la recepción que se hará en la tarde el jueves también en el Palacio Real, desde cuyos balcones saludarán el rey saliente -que no irá a la asunción de su hijo en las Cortes- y el entrante.

En la comunidad política las discusiones y cabildeos se concentran en cuestiones más de fondo, principalmente el destino del PSOE, partido que desde las elecciones europeas entró en proceso de revisión con la renuncia de su titular Alfredo Pérez Rubalcaba, a quien todos ven como el fin del ciclo que abrió hace más de 30 años Felipe González. Ya se están anotando candidatos a reemplazarlos, pero todos miran, más que a las personas, la agenda de este partido que gobernó España casi tres lustros, los de su integración con Europa y el mundo. Esa agenda, comprometida con el cambio como en toda formación de ese signo, parece birlada por los representantes de fuerzas nuevas como Podemos, que tiene en Pablo Iglesias a un nuevo líder con fuerte impacto en los medios; es un politólogo que ha hecho, a lo Martín Lousteau, carrera política desde el rol de animador y panelista de la TV. Su fuerza, que deslumbró con los cinco eurodiputados que logró el 25 de mayo, cuando el PP y el PSOE perdieron millones de votos desde la última elección, pide que se cumpla a la letra el programa que, dice, malversó el PSOE. Un clásico del marketing político que es una invitación a la aventura política que tienta a mucho en un país que vive una aguda crisis.

El PSOE está bajo un severo examen porque se ha resentido su liderazgo y su agenda pasa a otras manos, en un momento cuando además lo quiebra el debate interno sobre el "soberanismo" catalán y, encima, la discusión sobre el apoyo a la monarquía que expresan los bloques parlamentarios de una fuerza descabezada.

El PP, que se referencia como nunca ahora con el respaldo a la monarquía, parece eximido de estos exámenes, como si a la derecha no se le pidieran agendas porque todos saben lo que quiere hacer y le cuesta menos habérselas con el poder y la autoridad.

Para colmo, España no tiene el alivio del Mundial, hecho que conmueve a pocos, ni con los efectos del 1-5 sufrido ante Holanda. Para la mayoría, la copa de la FIFA es menos importante que la copa local y las europeas. Para los madrileños, la selección tiene muchos jugadores del Barcelona y que se las arreglen ellos; para los catalanes, la "Roja" es de los españoles y ellos son otra nación. Rarezas que recuerdan la excepcionalidad ibérica, que sigue dando testimonios, además, de reivindicar en el siglo XXI el derecho de cuna para decidir la cúpula del Estado.

Por ejemplo, que en el nuevo cálculo del PBI, por interpretación de normas comunitarias, España va a incluir el cálculo de actividades en negro, como el narcotráfico, el contrabando y la prostitución, un ejercicio de contabilidad creativa que permitirá aumentar el cálculo del PBI y reducir el del déficit fiscal. O el colmo que fue la insólita corrida de hace un mes en la feria de San Isidro, cuando debió suspenderse porque los toros les ganaron a los toreros, que terminaron los tres en la enfermería corneados hasta la rendición final. No lo hubiera imaginado ni la mejor pluma del realismo mágico del Tercer Mundo.



* Enviado especial a España

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