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Una observación antes de avanzar: cambió un tanto el reporte contable, lo que no afecta los resultados finales, pero le da cierto "leverage" especialmente en lo financiero. Más allá de esto, clave en su resultado fue el alza del precio del trigo y su "stockeo" de 32.000 toneladas lo que le permitió pasar de inventarios por $4,5 millones un año atrás a $97,8 millones ahora, y al incremento de los deudores comerciales y otras por cobrar que pasaron de $7,3 millones a $81,1 millones ahora, apuntalando el salto del patrimonio de $6 millones en contra un año atrás a $49,2 millones ahora.
En lo productivo pasó de moler 42.927 toneladas de trigo a 73.393 toneladas (71%) mientras la ventas pasaron de 36.968 toneladas a 69.228 toneladas (87%, reabrió las exportaciones tras dos años de cierre). Sin minimizar las mejoras, hablamos de volúmenes 20% (producción) y 22% (ventas) inferiores al promedio de la década previa, bastante lejos de los récords de respectivos de 217.541 toneladas de 1997 y 216.384 de 200.
Pasando al contable la vemos con ventas por $338,1 millones, 114% más que en 2016/17, que detractados los costos le dejaron un bruto de $47,9 millones (mejor que en 2017 y 2016, pero en moneda dura debajo de los períodos a 2015 y 2014). Si bien redujo los gastos de administración (-34%) la disparada de los de comercialización (65%) le dejaron un operativo adverso de $16,4 millones (fueron $56,8 millones en contra doce meses antes). En lo financiero resigna $73 millones, 141% más que en el ejercicio previo y un máximo en dólares en al menos siete años, arribando a un pretax de $89,4 millones en contra, 3% mayor al previo. Asi tras la mordida del fisco la vemos con un neto adverso 47% mayor de $92.208.133, cuando en mayo del año previo eran $62,8 millones negativos (en dólares el tercer peor resultado desde 2003).