16 de octubre 2012 - 10:13

Mucho deporte, algo de shopping y hotel de lujo: la vida en Tema

Olimpiadas de truco, entrenamientos físicos personales de resistencia, picaditos en el muelle, austeras compras en el Ghana Shopping Mall, reflexiones mentales interminables y profundas desde el tope de los mástiles, problemas con los dólares, algún café o bebida espiritosa en el mejor hotel de la zona.

La vida de los marinos argentinos e invitados de la fragata Libertad en esa escala forzosa en Ghana no es fácil. Sin embargo, se ve un esfuerzo notable por sacar lo mejor del optimismo argentino (y latinoamericano a través de los invitados) y pasar el momento.


Los visitantes casuales del puerto de Tema, el más grande del país y donde hace ya 15 días los marinos están retenidos, ya conocen el régimen que los habituales pesqueros, petroleros y cargueros viven en el lugar. Son unas 20 cuadras de muelle algo moderno para la región (fue construido en 1961 y reparado en 2003 con fondos del Banco Mundial), que a determinada hora, cuando baja el sol, se convierte en escenario de novelas policiales, o sea, un lugar sórdido, con poca vigilancia, donde los escasos negocios cierran temprano y dan lugar al arrabal de la capital ghanesa. Así, la primera orden llegó rápido: «Nadie cruza la vereda de dos cuadras hacia adelante. Nadie cruza la avenida». La avenida es la calle, algo rota, según las explicaciones que llegan vía telefónica a Buenos Aires, donde del otro lado se suceden prostíbulos y tugurios de juego clandestinos.

Ironía

La vida portuaria en tierra se desarrolla en realidad en horarios en los que la luz natural esté garantizada. Ya está desplegado sobre el muelle donde está amparada la Libertad una especie de campo deportivo, que los mismos marinos llaman ahora irónicamente Juan Domingo Perón. Allí ya está delimitada con pintura una canchita de fútbol 7, con arcos confeccionados con caños provenientes de la chatarra de la fragata. De noche, por las dudas, los arcos vuelven al buque. Hay además varios oficiales con credenciales deportivas. Son éstos los encargados de desarrollar rutinas de mantenimiento físico, que lentamente van sumando adeptos entre los marineros retenidos. Se cuenta que es un momento de camaradería, donde oficiales y personal de nivel castrense inferior entrenan en conjunto. Es normal ver marinos saltar sogas, pasarse las pesadas pelotas de cuero de entrenamiento, ejercitar los abdominales y correr durante minutos. Todo debe ser temprano. El sol es abrasador al mediodía e impide los movimientos de fuerza.

Los visitantes involuntarios cuentan con un colectivo dispuesto por el Gobierno ghanés, luego de una gestión del Gobierno argentino. Con esta movilidad se descubrieron dos destinos para pasar las horas con algo más de desarrollo: el Ghana Shopping y el Hotel Labadi Beach. En el primer caso, hay negocios con varias marcas internacionales y a precios bastante accesibles. Aquí se chocan los cautivos con otro problema argentino: las restricciones al dólar. Sucede que los marinos tenían un presupuesto predeterminado para acceder a las divisas, lógico para un viaje que prometía grandes jornadas en el océano y los mares del mundo, pero lejos de las posibilidades de compras. Sólo los que tienen las tarjetas de crédito habilitadas con cierto nivel de apertura de gastos en divisas pueden pispear los locales. Por ahora, son sólo consultas. Nadie se animó a las grandes compras.

Más entretenidos son los mediodías en el Laboadi Beach. Allí un restorán y bar occidental salva a los viajeros del tedio y permite algún tipo de calma espiritosa. El hotel, además, tiene una playa propia, con turismo mundial, que acerca a los marinos a imágenes más familiares.

Ofrecimiento

El Gobierno ghanés propone más actividades recreativas. Ofreció una visita a lo que sería un emprendimiento modelo para África: la refinería de petróleo de Tema, financiada con fondos del Banco Mundial y donde las principales multinacionales que operan en zona (incluyendo Repsol) utilizan para procesar el crudo que obtienen en otros Estados algo más ruidosos que el ghanés. Los argentinos y los visitantes latinoamericanos podrán mañana visitar la planta donde incluso se les ofrecería un lunch, gentileza de las petroleras.

Los cautivos pasan la mayoría del tiempo dentro del buque, que conocen hasta el techo. Las recorridas de punta a punta de los 103,75 metros de eslora, las visitas a las salas de máquinas y las trepadas por los velámenes son las actividades internas de más rating. Hay algo que se convirtió casi en un ritual: escalar hacia los descansos más altos de los mástiles, apoyarse a mirar el horizonte tratando de divisar los 25 kilómetros que separan Tema de Accra y reflexionar. Un imperdible parece ser subir, al atardecer, ver convertirse el día africano en noche y, ya con el cielo cerrado, bajar con cuidado por las redes.

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