26 de mayo 2010 - 00:00

Multitud desbordó el centro porteño durante fin de fiesta

La Plaza de Mayo, durante uno de los actos que cerraron los festejos por el Bicentenario. Miles de personas vieron un show de luces y sonido sobre la fachada del Cabildo.
La Plaza de Mayo, durante uno de los actos que cerraron los festejos por el Bicentenario. Miles de personas vieron un show de luces y sonido sobre la fachada del Cabildo.
Los festejos del Bicentenario llegaron ayer a una especie de paroxismo patriótico, con la asistencia de unos dos millones de personas, que colmaron el centro porteño para participar de las actividades que se desarrollaron durante todo el día. Una Plaza de Mayo desbordada de gente fue eje del protagonismo, que hasta el momento había tenido como centro la avenida 9 de Julio, donde se instaló el Paseo del Bicentenario. Pero ayer todas las arterias del microcentro fueron ocupadas por el público. Se repitió el esquema de los días anteriores, con familias enteras, personas mayores, cochecitos, equipos de mate, cámaras de fotos, recorriendo las calles con una afluencia que hizo prácticamente imposible la circulación por la Ciudad. El clima templado y el cielo despejado colaboraron de manera decisiva en este sentido.

Hacia el mediodía, cuando el sol ya empezaba a calentar, comenzaron a llenarse la Plaza de Mayo y el Paseo del Bicentenario, al que asistieron miles de personas, dispuestas a hacer cuadras de cola para visitar los stands que cada provincia instaló durante estos días de festejo.

El día cálido y el final de los festejos reactivaron así una de las actividades que había quedado más en la retaguardia del Bicentenario, frente a los recitales y los espectáculos multimedia que se realizaron en cinco días de festejo. A pesar del alud de personas, el ambiente en la calle fue muy tranquilo, como en el resto de los días. La multiplicidad de propuestas tuvo sus aspectos positivos y negativos. Por un lado, generó cierto mareo en el público, que muchas veces no sabía bien qué espectáculo estaba esperando. Por otro lado, también provocó cierta actitud relajada de parte de los asistentes, que nos estaban apurados en llegar a ningún lado. Para los visitantes, fue tan interesante detenerse para ver cómo despegaba el helicóptero presidencial como visitar el Ministerio de Defensa (donde había que hacer una fila bastante larga para ingresar), como ver el show tridimensional que se proyectó sobre la fachada del Cabildo ya al anochecer. También generó una convocatoria masiva el recital que se desarrolló en el escenario de la calle Alsina a partir de las 14.30 y que protagonizaron Lito Nebbia, Juan Carlos Baglietto y Los Palmeras y donde la banda de cumbia se llevó la mayor atención. Ni el cantante sesentista, ni el trovador rosarino tuvieron su convocatoria: todos estaban ahí para escuchar a Los Palmeras. Un poco antes, a las 14, las actividades en esa área habían comenzado con una largada simbólica de los autos del TC, protagonizada por coupés y autos tradicionales que desfilaron desde el centro porteño hasta la localidad bonaerense de San Isidro (ver nota en pág. 27).

En la Plaza de Mayo la limitación de espacio y la cantidad de asistentes dificultaron todavía más un ya complicado acceso al área, atravesada por vallas y policías. Al frente de la Casa Rosada, donde Cristina de Kirchner recibió a los presidentes sudamericanos, funcionarios de Gobierno y legisladores oficialistas y opositores, se concentraron numerosas agrupaciones kirchneristas, en apoyo al Gobierno. Pero el público sin partidismo superó ampliamente cualquier tipo de presencia política.

Cuando la Presidente y los mandatarios de otros países cruzaron la Plaza por un ancho corredor, para presenciar el espectáculo de luces y sonido sobre el Cabildo y el desfile del Bicentenario, las calles rebasaban.

El desfile fue uno de los momentos más impactantes de estos cinco días y realmente lo que se percibió mejor en la calle, a diferencia quizá de las proyecciones del Cabildo y del Teatro Colón, que se vieron con mejores detalles por televisión que en vivo. Cristina de Kirchner y sus invitados presenciaron toda la muestra desde un palco ubicado en Diagonal Norte, festejos que cerraron con un recital en 9 de Julio y Corrientes, encabezado por Fito Páez, Pablo Milanés, Fabiana Cantilo, y la murga uruguaya Agarrate Catalina, y un show de fuegos artificiales.

La circulación de autos fue prácticamente imposible, ya que muchas de las calles se convirtieron espontáneamente en peatonales debido a la afluencia de personas. Un final de fiesta rimbombante para los porteños, que a partir de hoy empezarán a sufrir los trastornos del desarme, pero será una vez en 200 años.

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