9 de mayo 2012 - 00:00

Murió ayer Caloi, agudo intérprete del alma popular

Carlos Loiseau, Caloi, inició su carrera en «Tía Vicenta» a los 18 años. Llevaba casi cuatro décadas con «Clemente».
Carlos Loiseau, Caloi, inició su carrera en «Tía Vicenta» a los 18 años. Llevaba casi cuatro décadas con «Clemente».
Murió ayer por la madrugada Carlos Loiseau, Caloi, uno de los artistas más queridos y populares del humor gráfico argentino. Había sido internado en el Instituto del Diagnóstico como consecuencia del agravamiento del cáncer de próstata que padecía hace unos años, y del que sólo sabía un reducideo círculo íntimo. Sólo llamaba la atención su cabeza prematuramente blanca, su alejamiento de las prácticas de básket y la mirada suave, sin la chispa que lo caracterizaba en otros tiempos. Alcanzó al menos a disfrutar el estreno de «Anima Buenos Aires», la película que tanto había soñado hacer junto a María Verónica Ramírez, su esposa e imprescindible mano derecha.

Alto, risueño, generoso, Caloi vivió entre dos paradojas existenciales: era un bohemio tremendamente laborioso («me gusta la contemplación, pero pagan poco»), y era un porteño de alma nacido en Salta y criado en Adrogué, donde hoy existe una placita con el nombre de Clemente. Disfrutó de la vida e hizo disfrutar a millones de personas. Su ideal de felicidad terrenal lo entrevió a medias: «Alcauciles y vino tinto para mi, un país grande con un pueblo feliz para todos». Hoy lo sobreviven María Verónica y sus hijos: el dibujante Juan Matías (alias Tute), Tomás, Aldana y Paula. También, por supuesto, sus personajes: Clemente, la Mulatona, el Nono, Jacinto, el Piojo con el Hachazo en el Ojo, el hincha de Camerún y todos los otros, inclusive Murióz.

En 1966, a punto de cumplir los 18, Caloi empezó a publicar sus primeros chistes en «Tía Vicenta». Le siguieron «María Belén» (sucesora de la anterior, que había prohibido Onganía) y otras revistas de peso, como «Adán», «7 días» y «Panorama», así como una memorable campaña callejera de chistes para los cigarrillos Parliament y un primer libro, «El libro largo de Caloi», 1968, de la editorial Hombre Nuevo, hoy inconseguible.

A los 20 desembocó en el diario «Clarín». Ahí sentó reales, primero con una melancólica tira semanal, y desde 1973 con la tira «Bartolo y Clemente», que pronto se volvió «Clemente», y los «Caloidoscopios» de la revista semanal, donde muchas veces despuntaba un notable humor poético.

Notable fue su campaña para que los hinchas tiraran papelitos durante el Mundial 1978, pese a las varias advertencias oficiosas. Esa pelea culminó cuando en el tablero electrónico del Monumental, en vez de la imagen de la mascota oficial del certamen, apareció Clemente, ya consagrado como héroe popular.

Menos llamativas, pero más prolongadas, fueron otras campañas que desarrolló a lo largo de su vida, ayudando a dibujantes del interior, estimulando la creatividad escolar y el conocimiento de los derechos infantiles, y difundiendo la existencia de artistas argentinos en el exterior, y artistas de todo el mundo en Argentina. El programa «Caloi en su tinta» fue el mejor ejemplo de todo esto, con una primera etapa 1990-1999 que sólo se interrumpió por displicencias e incompetencia de sucesivas autoridades del Canal 7.

Un repaso incompleto a su obra incluye trabajos para «El Gráfico» y varios otros medios, tapas de libros y discos, publicidades divertidas para calmantes, energizantes, y otros productos contrastantes, el corto «Las invasiones inglesas», 1970 (las tropas desembarcaban frente a un cartel de cerveza Quilmes), los micros de animación con muñecos de «Clemente», hasta culminar con la película «Clemente y sus hinchadas», 1982, decenas de libros, entre ellos uno de edición francesa, «Humeurs damour», 1991, campañas para Unicef y el Programa de Erradicación de la Violencia en los Estadios, libretos de diversos espectáculos teatrales, el león que figura de isotipo de River Plate en 1986 (con el que River conquistó los títulos nacionales, de América y del Mundo), la dirección artística de «La barra de Dolina», 1988 (un amigo a quien él trasladó al dibujo como «el filósofo Dolinades»), la organización de la retrospectiva de cineanimación argentina del Festival Internacional de Annecy, también la de Tampere, en Finlandia, la organización de diversos concursos de dibujo infantil, cortos juveniles, etc., la participación como jurado en encuentros de toda clase, desde barriales hasta internacionales, las inmensas retrospectivas en el Centro Cultural Recoleta, 1987, Palais de Glace, 2004, y Alcalá de Henares, 2009, esta última junto a su hijo -y viva imagen-, el dibujante Tute, hasta la coordinación del excelente film de dibujos «Anima Buenos Aires», que alcanzó a ver estrenado el jueves de la semana pasada.

También alcanzó a recibir multitud de premios y homenajes, desde los salones internacionales de historietas de Italia y Francia hasta los humildes clubes de fomento. En 2009 fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El más lindo, el de la Escuela 3 de Barracas, que en 2000 bautizó a su biblioteca con el nombre de Caloi. Pero también Clemente ha sido homenajeado: en 1998 el Correo Argentino le dedicó una emisión de estampillas, en 2004 fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad, y en 2006 Adrogué inauguró la Plazoleta Clemente con monumento incluído.

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