Nairobi - La Premio Nobel de Literatura, Nadine Gordimer, quien puso su narrativa al servicio de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, murió anteanoche a los 90 años en su casa de Johannesburgo, según informó ayer su familia. "Yo soy africana y el color de la piel no importa", afirmó la escritora, de origen familiar europeo, quien durante su vida dijo que a los 18 años vio que "tenía más en común con los jóvenes negros que con los blancos, sólo interesados en las actividades de la comunidad blanca".
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Su literatura comprometida contra la desigualdad que sufrió su país durante 44 años con el régimen del "apartheid", la convirtió en una de las voces más poderosas en la defensa de la mayoría negra y en la principal representante contemporánea de las letras sudafricanas. A los 67 años, Gordimer se convirtió en la primera mujer desde 1966 en recibir el Nobel de Literatura. Nacida en 1923 en la localidad minera de Springs, próxima a Johannesburgo, su pasión por la escritura arrancó a sus 9 años, y seis más tarde publicó su primer relato en un periódico del país. En 1953 cuando publicó su primera novela, "The Lying Days", que tuvo una gran acogida tanto a nivel nacional como internacional. Después publicó más de una veintena de obras, entre ellas "La huella del viernes" (1960), "La hija de Burger" (1979), "Something out There" (1984), "Un capricho de la naturaleza" (1987) o "Nadie que me acompañe" (1994).
Gordimer siempre consideró que, como figura pública y también sudafricana de raza blanca, debía luchar para lograr una nueva democracia en su país. En todas sus obras se implicó moral y políticamente, como por ejemplo en "La hija de Burger", una novela en la que exploró los sentimientos divididos de una mujer blanca cuando su padre comunista es encarcelado por oponerse al sistema. Sus críticas públicas contra el régimen también le crearon enemistades, especialmente del Gobierno del "apartheid", que prohibió la publicación de tres de sus obras: "La hija de Burger", "Mundo de extraño" y "La gente de July". Sin embargo, ella no abandonó su país y siguió enfrentando las presiones del régimen a través de historias de amor, odio y amistad, y uniéndose al Congreso Nacional Africano (ANC) cuando esta organización política era ilegal (1960-1990).
Gordimer también fue una gran luchadora por los derechos humanos en todo el mundo y entre sus principales reivindicaciones se encontraba que la alfabetización se convirtiera en un "derecho inalienable". La escritora y activista, de origen judío, soñaba con la "justicia humana extendida a todos" y consideraba que los escritores tenían un papel esencial. Por eso, siempre pidió a sus colegas una literatura comprometida y no dejó de escribir hasta que su cuerpo se lo permitió: en 2012 publicó su última novela, "No hay tiempo como el presente". "Algunas personas dicen que me dieron el Nobel no por lo que he escrito, sino por mi política. Pero yo soy una escritora. Esa es mi razón para seguir con vida", manifestó tras recibir el premio.