13 de abril 2011 - 00:00

Murió Luis Benedit, pionero en el arte conceptual argentino

Luis Fernando Benedit fue el primer artista latinoamericano que accedió a mostrar sus obras en el Moma, Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Luis Fernando Benedit fue el primer artista latinoamericano que accedió a mostrar sus obras en el Moma, Museo de Arte Moderno de Nueva York.
El artista plástico y arquitecto Luis Fernando Benedit murió ayer por la mañana a los 73 años. El autor de esta nota, que integró el grupo CAYC como crítico de arte, compartió cuarenta años de su vida como amigo de este fantástico artista. Benedit fue un pionero ya que fue el primer artista latinoamericano que accedió a mostrar sus obras en el Moma, Museo de Arte Moderno de Nueva York, y algunos de sus trabajos figuran en la colección permanente de ese museo.

Las obras de Benedit - un tipo especial de escritura- expresan su memoria individual (memoria de vida, de lecturas, de creaciones artísticas), que, a través de su operatoria, deviene en memoria colectiva y unifica el ayer y el hoy en dirección al futuro, como quería Walter Benjamin.

A lo largo de cuatro décadas, Benedit, que había nacido en Buenos Aires en 1937, erigió una obra coherente y sustantiva, que le ganó un espacio propio en el arte argentino, espacio reconocido, ciertamente, más allá de nuestras fronteras. Es una obra de intereses múltiples, pero todos ellos arrancaban de una misma pasión: la de alcanzar un arte que sea lenguaje de fondo de la sociedad y medio de conocimiento del hombre. Así desarrolló su creación desde la década del 60.

Su obra configura un mundo siempre renovado: en sus habitáculos, laberintos y cultivos hidropónicos, en sus proyectos de animales, embalajes, juguetes, en acuarelas y objetos sobre el campo, Benedit conjugó al arquitecto y al diseñador. La casa como espacio de protección estuvo siempre presente en distintas versiones realizadas en mármol, huesos, cristal y madera.

Los huesos que predominan en sus esculturas y muebles son fragmentos, restos, cuya insistencia configura un verdadero osario que nos remite inevitablemente a la historia Argentina, atravesada de muerte y violencia. Un ejemplo de esto fue la obra que Benedit presentó en la XLVIII Bienal de Venecia, presidida por un osario integrado con huesos de vacas y de caballos, que conformaban una casa, una mesa, una silla y una lámpara, lo esencial del vivir humano.

Las primeras experiencias biológicas fisioquímicas de Benedit (años 70) son ante todo comentarios sociales: detrás de (o en) los habitáculos y laberintos están las vicisitudes políticas, el atraso educativo, el avance tecnológico, la vida automática de la rutina y las ciudades superpobladas. Y también está el olvido, que Benedit combatió desde el arte: olvido de la Naturaleza, del deseo, de los sueños, del espíritu de libertad. En «Trypanosoma Cruzi», 1994, si bien Benedit habló con la perspectiva del arte sobre procesos naturales, su discurso incluyó experiencias en un dominio que les hizo ostentar un sentido nuevo. Elaboró una gran metáfora de las relaciones entre la ciencia y el arte; metáfora que circula entre la pasión y la creación, aunque su fuente fueran aquellos procesos naturales del universo zoológico y botánico.

Sus propuestas remiten a la vida de la sociedad humana; concretamente: a los hábitos individuales y colectivos del hombre contemporáneo, incluido el de la ejecución y consumo de obras de arte. Los experimentos realizados, por más que su origen científico fuera someter a hombres y animales a pruebas de aprendizaje, adquerían en Benedit una nueva fisonomía al vincularse con una propuesta estética. Su importancia no estribaba en la reproducción de ejercicios tradicionales de la psicología experimental sino en la integración de ellos en un contexto nuevo.

A diferencia de los ready-made de Marcel Duchamp, los objetos zoológicos y botánicos de Benedit nada tenían que ver con los productos de la industria: se sitúan en un nivel donde adoptan nuevas perspectivas debido al uso que se hace de ellos, como si su presencia surgiera de los límites de la percepción. Benedit liberó el actuar y el sentir del mundo animal y vegetal, en un proceso que exaltó el carácter de la obra de arte y no la investigación científica. Pero su orientación era conceptualista; de ahí que se asociara, desde su fundación en 1971, al Grupo CAYC, que nutrió y consolidó en la Argentina esta corriente, y continuó sus presentaciones colectivas hasta 1993, última muestra presentada por Bedel, Benedit, Grippo, Portillos, Testa, Maler y el autor de esta nota.

Benedit también ha partido de lo natural para alcanzar lo artificial. El tiempo se revelaba en los objetos de Benedit como un hecho artístico: el de la secuencia ordenada de imágenes, hasta llegar a su forma definitiva y final, que es la maqueta de una dimensión imaginaria.

Al realizar una especie de relevamiento del mundo campesino de la Argentina en su etapa agrícola cuando había dejado de ser silvestre pero aún no había empezado la transformación tecnológica, reflejó que ciertos elementos rescatados por él - el rancho, el cuchillo, la taba- todavía se utilizan en la actualidad, ahora como resabio impuesto por la pobreza o por las costumbres. Benedit cubrió un arco temporal del gaucho y lo hizo a través del humor y el desenfado.

Sus restos serán despedidos hoy a las 13 en el cementerio Memorial de Pilar.

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