2 de agosto 2011 - 00:00

Murió un ícono de la UCR: Florentina Gómez Miranda

Hasta sus últimos tiempos toda la dirigencia se disputaba una foto con ella. En su cumpleaños logró reunir a Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz, mientras los tres competían por la candidatura presidencial.
Hasta sus últimos tiempos toda la dirigencia se disputaba una foto con ella. En su cumpleaños logró reunir a Julio Cobos, Ricardo Alfonsín y Ernesto Sanz, mientras los tres competían por la candidatura presidencial.
El radicalismo hará hoy un alto en la campaña para despedir a Florentina Gómez Miranda, una de las últimas dirigentes históricas de ese partido en el más estricto sentido de la palabra.

Gómez Miranda falleció ayer a los 99 años y, además de su militancia radical jamás interrumpida, contaba con un récord imposible de superar: era la única dirigente partidaria con vida que había conocido a Hipólito Yrigoyen.

De hecho, durante su segunda presidencia fue el propio expresidente quien le comunicó que había sido nombrada maestra, durante una visita que Gómez Miranda hizo a la Casa Rosada junto a su madre, en uno de los días que por ese tiempo los presidentes dedicaban a recibir a ciudadanos comunes.

Gómez Miranda nació el nació el 14 de febrero de 1912, en Olavarría; fue maestra, abogada recibida en la Universidad de La Plata. Trabajó como docente hasta 1954, cuando su militancia radical hizo que Juan Domingo Perón la cesanteara del cargo.

Dentro de la UCR militó siempre en el área de los derechos humanos y, en especial, de la mujer, y se hizo famosa durante la dictadura militar por ser una de las radicales que se animaron a presentar habeas corpus en la búsqueda de desaparecidos.

En 1946 se afilió a la Unión Cívica Radical. Llegó al Congreso en 1983 como diputada en dos períodos que terminaron en 1991.

Allí fue presidente de la Comisión de Familia, Mujer y Minoridad. Fue entonces cuando motorizó para el Gobierno de Raúl Alfonsín cinco leyes claves: la de divorcio vincular, la patria potestad compartida, la pensión a la concubina, la igualdad de los hijos extramatrimoniales y el derecho de las mujeres de seguir usando el apellido de soltera luego de casada.

Fue también impulsora de la ley de cupo femenino en las boletas electorales e insistió hasta sus últimos días en la despenalización del aborto.

Divorciada y sin hijos, vivía en el porteño barrio de San Cristóbal, junto a su perro y un grupo de asistentes. Su pasión de los últimos años fue Facebook, donde batía récords entre la dirigencia radical por cantidad de amigos.

Sus restos serán velados hoy en el Salón de Pasos Perdidos de Diputados y luego una caravana del radicalismo los trasladará hasta un cementerio privado en Pilar.

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