N° 1 con obligaciones dispares

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Húmedo, verde y perfecto, el aroma del césped de Wimbledon llega hasta el último rincón del All England Club. Emociona, y se une a la frecuente vibración de la historia en el rico enclave suburbano de Londres, donde las sensaciones prometen ser este año más fuertes aún. Porque la clave del torneo está en una pregunta basada en cifras, números que en este caso no son nada fríos: ¿16-11 o 17-10? Dependiendo de cuál combinación se dé en la tarde del 3 de julio, el tenis podrá intuir su futuro y el lugar que dos grandes como Roger Federer y Rafael Nadal ocuparán en los libros de historia. En un 16-10, que significaría que ninguno de los dos alcanzó la final, nadie piensa.

Federer acumula 16 títulos de Grand Slam, una cifra récord en la historia. Pero Nadal, que suma ya seis, admite por fin que es uno de los «mejores de la historia» y, lo más importante, viene lanzado: un año y medio atrás la diferencia entre el suizo y el español era de 16 títulos contra seis. «Repetir lo de 2010 es muy imposible», dijo el español, defensor del título, mientras la lluvia caía sobre Londres. «Lo de 2010» es ganar tres de los cuatro Grand Slam en una misma temporada, «rush» que, junto con el título de Roland Garros hace dos semanas derrotando al suizo en la final, le permite al español lo que hace un tiempo sonaba impensable: desafiar el récord de Federer. El suizo es muy consciente de eso, sabe que si gana su séptimo Wimbledon, no sólo igualará el número de títulos ganados por Pete Sampras sobre el mítico césped: también tomará un poco de aire en esa carrera hacia la historia en la que Nadal se le agiganta cada vez más en el retrovisor.

En semifinales, Nadal podría cruzarse con Murray, el hombre con toneladas de peso sobre sus espaldas: de él, y sólo de él, depende poner fin a los 75 años sin títulos de un británico en Grand Slams. El otro lado del cuadro promete una semifinal entre Federer y el serbio Novak Djokovic, la revancha del duelo de París brillantemente ganado por el suizo y la oportunidad para el serbio de retomar la senda victoriosa en una temporada en la que lleva siete títulos y sólo un partido perdido.

¿Y las mujeres? Ofrecen un circuito incomprensible, con una número uno, la danesa Caroline Wozniacki, que no sabe lo que es ganar un Grand Slam y una Serena Williams claramente excedida en kilos tras casi un año sin jugar. Viene de una lesión, una embolia pulmonar y varias operaciones, pero la estadounidense se perfila, sin embargo, como gran candidata. No en vano defiende el título, no en vano da la impresión de que en Wimbledon, donde ganó ya cuatro veces, hace lo que quiere.

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