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N. York: del gran Vuillard a la anodina Tacita Dean
El Jewish Museum de Nueva York descubre a las nuevas generaciones al excelente Edouard Vuillard, con una muestra que incluye pinturas, obra gráfica, fotos y documentos que revelan el amplio espectro de la carrera del artista.
Vuillard supo establecer amistades entre las élites y la vanguardia parisiense, uniéndose a los Nabis, cuyo significado en hebreo significa «profetas», grupo que estaba compuesto por artistas como Maurice Denis, Paul Sérusier, Felix Vallotton, Pierre Bonnard, Puvis de Chavannes, siendo el color un elemento prioritario y entre los temas, el ámbito burgués donde se desarrolla su vida.
En este período produjo sus obras más conocidas, pinturas de amigos y familias en interiores íntimos. También diseñó y aquí se exhiben 13 programas para los más radicales autores teatrales del momento: Ibsen, Strindberg, Maeterlinck.
¿Por qué sus musas? Tres mujeres jugaron importantes roles en su vida, Marie Vuillard, su madre, Misia Godebska que sedujo a artistas como Renoir, Lautrec, Debussy, Ravel y, por supuesto, Vuillard que la pintó entre 1890 y comienzos de 1900.
Otra musa fue Lucy Hessel, esposa de su marchand de toda la vida.
Esta historia de amor también duraría hasta el final de sus días. Los Hessel pertenecían a una élite judía , adinerada y culturalmente sofisticada a la que Vuillard fue incorporado. Pintó interiores suntuosos, lugares de veraneo, gente elegante. Usó un truco de ventanas, puertas y espejos y fue un virtuoso retratista a lo que se dedicó en las últimas décadas de su carrera pero señalaba: «No pinto retratos, pinto a las personas y lo que los rodea». El arte de su madurez fue comparado con la escritura de Marcel Proust por el énfasis en los detalles y la suntuosidad.
La última sala está dedicada al Chateau Des Clays, propiedad de los Hessel, cerca de Versailles y aquí su estilo se vuelve más gestual y su paleta más clara. Las tonalidades grises, el paisaje desolado, los árboles sin hojas de «Jardín en invierno con pavo real» (1939-1940) presagia una latente tragedia: su muerte y la invasión alemana en París. Lucy y Vuillard tenían ya sus cabellos blancos, el paisaje había cambiado pero su relación cruzó cuatro décadas de arte. La atmósfera calma, los comentarios en voz baja y la cuidada selección de sus muestras convierten la visita a este museo en un verdadero placer estético.
Fuimos al New Contemporary Museum en 235 Bowery Prince Street, «Tacita Dean: Five Americans». Primer Piso: tachos de basura de diferentes épocas como esculturas. Video: un joven camina hacia atrás con pasos a lo Michael Jackson. Otro video: en el subte, un joven con campera y capucha, salta, se saca los pantalones, en realidad es una chica, se tira por el piso, grita.
Segundo Piso: cubículos de cartón en los que se muestran videos de interiores llenos de basura, un tipo toca el piano, grita en alemán. En cuanto a los videos de Tacita Dean no pueden ser más aburridos. Examinan el proceso creativo de cinco influyentes figuras como Merce Cunningham, Claes Oldenburg que está en su estudio arreglando y cambiando objetos de lugar, los limpia, sentado en una silla giratoria, 16 minutos, insoportable. Cy Twombly está sentado o pasea por su estudio mirando al vacío. Ya hemos visto otros videos de esta artista, nunca pasa nada.
En el hermoso Museo de Brooklyn volvimos a ver una obra emblemática «The Dinner Party» (propiedad de dicho museo) realizada por Judith Chicago entre 1974 y 1979. Esta famosa instalación que suscitó tanta controversia en su momento, celebra el arte textil, la pintura en porcelana, considerada como arte doméstico opuesto al sobrevalorado arte de los hombres. Una gran mesa triangular de 14 m. de cada lado, dedicada a 39 mujeres famosas. Cada lugar tiene un mantel bordado con el nombre de la mujer o símbolos que se relacionan con sus logros. Nombres de la prehistoria, diosas primordiales, Artemisa Gentileschi, Eleonora de Aquitania, Georgia OKeefe, Emily Dickinson, Virginia Woolf tienen su lugar en la mesa y los platos muestran una forma escultórica en forma de flor como símbolo de la vulva.
Como exposición temporaria destacamos «Keith Haring: 1978-1982». Fue comparado con artistas como Kenny Scharf y Jean- Michel Basquiat, su inspiración fue la calle y los comics. La muestra permite ver una obra compleja que hay que decodificar, diagramas, composiciones geométricas y teorías con citas a Roland Barthes, Kandinsky, jeroglíficos egipcios, obra que debe leerse con mucho detenimiento.

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