22 de junio 2015 - 00:48

Narcobarra cayó por mejicaneada

• EN FALSO OPERATIVO LE ROBARON VARIOS PAQUETES DE DROGA

 Sebastián Villalba "bebió de su propia medicina". Como vendedor de drogas había pasado inadvertido mucho tiempo hasta que "manos ajenos, o no tanto" le arrebataron su bien más preciado y lo dejaron al descubierto.

La historia es así: el 14 de enero de 2014 a las 7 de la mañana, tres falsos policías se presentaron en el departamento de Villalba en la avenida Entre Ríos, en el barrio de Constitución.

Orden judicial falsa en mano, lograron que el encargado del edificio los dejara pasar. Fueron directo al departamento en el que Villalba vivía con su novia y sacaron varios paquetes de un armario.

Antes de irse argumentaron que era un operativo antidrogas y que en minutos iba a llegar un juez federal al lugar, lo que nunca pasó.

Atemorizado por lo que estaba pasando, el encargado llamó al 911, y en el lugar cayeron policías de verdad, de la Comisaría 28ª.

En ese procedimiento secuestraron 65 envoltorios por un total de 53 kilos de marihuana y además dos armas de fuego. Una de éstas era un revólver "Smith & Wesson" calibre .38 especial descargado y la otra, una escopeta doble caño "Alsacia Met SCA Safari", con dos cartuchos. También había una balanza y siete teléfonos celulares.

Luego, Villalba se defendió argumentando que era ajeno a la historia y que al momento de la pesquisa estaba de vacaciones en San Bernardo.

Los falsos policías nunca pudieron ser identificados en la causa. Para la fiscalía, el hecho de que hayan entrado a la casa cuando Villalba estaba de vacaciones demostró que sabían dónde el condenado guardaba la droga, lo que les permitió "mejicanearlo" en un suspiro. (Mejicanear es robarle la droga al narco).

En el debate salió a la luz que Villalba tenía vínculo directo con la barra de San Telmo y los que le robaron la droga, al parecer también.

Cuando pasó todo, Villalba trabajaba en el Instituto de la Vivienda de la Ciudad.

Con la prueba colectada en el debate, el TOF 3 condenó al narcobarra a la pena de 7 años y medio de cárcel. Así sostuvieron el pedido del fiscal general Diego Luciani quien había pedido la misma pena por los mismos delitos.

Para justificar una serie de mensajes de texto y "contactos" de su agenda telefónica, Villalba dijo que vendía zapatillas, y espuma de carnaval al corso de San Telmo.

En la agenda, los contactos aparecían por un nombre de pila seguido de un barrio, por ejemplo "Telmo", "Belgrano", "Congreso", "Barracas". Para la fiscalía era una forma de facilitar la identificación de los compradores y la distribución de las sustancias.

En su alegato, el fiscal dijo que Villalba era un eslabón dentro de una organización narcocriminal. Consideró como agravante "la cantidad de droga secuestrada", y como atenuante, "ninguno"
.

Los jueces Jorge Humberto Gettas, Miguel Pons y Fernando Ramírez aplicaron la condena por los delitos de "almacenamiento de estupefacientes con fines de comercialización en concurso real con la tenencia ilegítima de dos armas de guerra". Además aplicaron una multa de $ 8000. Fin de la narconovela.

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