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Nestorismo, versión soft del peronismo que es anti-Cristina
Raúl Othacehé
-Qué mal estamos, Néstor, muy mal -lo toreó el alcalde.
Kirchner se tomó unos segundos para mirarlo fijo, ladeó la boca y respondió:
-Mirá si estaremos mal que me vine hasta acá a reunirme con ustedes.
La anécdota figura en los anales del kirchnerismo nostálgico, el que elogia al ausente y lo hace para marcar las diferencias entre los modos de conducción y armado de Cristina de Kirchner y los que tenía el expresidente fallecido.
La referencia tiene un porqué específico: en baja, con el Gobierno golpeado luego de perder en 2009 y las dos ofertas K -Néstor y Cristina- por debajo del 30% de intención de voto, el patagónico olvidaba «traiciones» para reconstituir el frente político.
Por entonces, además de verse con esos díscolos -Alegre, Sergio Massa, Luis Acuña, Juan Garivoto, José Eseverri, Dámaso Larraburu y, entre otros, Juan Amodarain- Kirchner mimaba a Martín Sabbatella y hablaba con rebeldes como José Manuel de la Sota o los Rodríguez Saá.
En aquellos días hizo circular, incluso, la posibilidad de abrir el PJ para que Francisco de Narváez participe de la «primaria» partidaria y, de ese modo, restarle volumen y figuras a un frente opositor. Una alquimia más del prolífico laboratorio de Olivos.
Formaba parte de la táctica de «juntar pedazo por pedazo» con el objetivo de ensanchar el dispostivo K para la presidencial de 2011 en la que pretendía volver a ser candidato. Aquella práctica no sólo no existe hoy sino que es inimaginable que la ejecute, algún día, Cristina de Kirchner.
Así se percibe, al menos, en la ancha avenida peronista que sin confrontar abiertamente con la Casa Rosada advierte el distanciamiento, cada vez más pronunciado, entre la presidente y el PJ «institucional»: el club de gobernadores, intendentes y gobernadores.
Hay sectores identificables. En el «cordobesismo» de De la Sota afirman que jamás imaginaron que la tensión con la Presidente llegaría a tanto, en la disputa por los fondos para la caja jubilatoria. Lo atribuyen, ante todo, a la inaccesibilidad a la Presidente.
En Santa Cruz, donde se atrinchera Daniel Peralta, plantean algo similar. Relatan el episodio del «espionaje» -un auto Gol parado frente al mausoleo de Kirchner con policías provinciales al momento que lo visitó la Presidente- y dicen que se pudo aclarar con un llamado.
Bonaerensis
Sin la visibilidad de esos gobernadores, otros sectores, en especial bonaerenses, encontraron un eufemismo para marcar diferencias con la Presidente: se declaran «nestoristas» y vindican al expresidente para, sin decirlo expresamente, rechazar los modos de Cristina de Kirchner.
Es una versión soft del anticristinismo. A ese camuflaje recurren en La Juan Domingo, espacio que se declara guardián de PJ clásico de Buenos Aires, espécimen que en la cadena evolutiva del PJ (by Ramón Puerta) es el «peronistus bonaerensis».
Los movimientos de Massa, que así como el año pasado se fotografió con Mario Ishii anteayer se reunió con Raúl Othacehé, responden a una lógica parecida. El intendente de Merlo era, hasta hace un tiempo, uno de los pocos alcaldes con teléfono directo a Olivos.
En el microcosmos del oeste donde habitan Othacehé, Hugo Curto y Alberto Descalzo, cualquier «premio» a Martín Sabbatella es leído como una provocación. El ahora jefe del AFSCA se jactó de ser el «comisario ético» de esos condados del conurbano contra los jerarcas del PJ.
En otros suburbios también brota la incomodidad. En Quilmes, Francisco «Barba» Gutiérrez, cacique K, debe soportar que la neocamporista Mayra García arme en su contra. Lo mismo en Lanús: a Darío Díaz Pérez lo «camina» el vice de Justicia Julián Álvarez.
Un peronista que orbita, entre quejas, la galaxia K tiene una definición para lo que ocurre en el conurbano rabioso: «Los intendentes se están convirtiendo en pequeños Sciolis: no les dan plata, les mandan a armar a La Cámpora en contra y nos les atienden el teléfono».
Daniel Scioli, con la billetera extenuada, sólo les ofrece solidaridad en la mala hora mientras cuantifica el costo económico de los tropiezos de Gabriel Mariotto.
Anteayer, unas horas después de las declaraciones sobre pesificación de la deuda que hizo el vice, la provincia coloc ó $440 millones en Letras. Pagó una tasa del 16,7%, casi dos puntos más que en julio.


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