18 de octubre 2013 - 00:00

Ni sus abogados le creen al arrepentido

El juicio oral por los supuestos sobornos en el Senado durante la última administración de la UCR tuvo un giro absurdo ayer cuando llegó el momento del alegato final de los abogados del arrepentido Mario Pontaquarto: los defensores afirmaron que tampoco creen en la versión de su representado y pidieron la absolución. Lo describieron como "un cooperador y no un arrepentido", narraron escenas de su vida privada, llegaron al punto de pedirle al tribunal algún tipo de reconocimiento por su "colaboración" y no titubearon al momento de divagar con citas de Sócrates: "En democracia uno puede perder la vida por decir la verdad". El próximo martes hablará Fernando de la Rúa.

El abogado Hugo Wortman Jofre solicitó la absolución a partir de que "el hecho no pudo ser acreditado", y cargó la responsabilidad en la acusación. "La confesión de mi asistido no ha contado con el marco probatorio suficiente, no se ha corroborado las probanzas para una condena", afirmó.

Argumento

Explicó que, más allá del relato de Pontaquarto, que dio impulso a la investigación en 2003, no pudo probarse de dónde salió el dinero de los supuestos sobornos que el arrepentido siempre testificó que retiró del edificio de la Secretaría de Inteligencia. Al mismo tiempo reconoció que no se logró probar la existencia de la reunión en la Casa Rosada, en donde el entonces presidente De la Rúa -ante las trabas para avanzar en la aprobación de la ley de reforma laboral en el Congreso- habría ordenado, siempre según la versión del arrepentido, el pago de coimas a senadores del PJ. Luego sostuvo seguir creyendo que existieron sobornos.

Aún así, el relato de Pontaquarto, que cambió en reiteradas ocasiones entre la instrucción y el debate, no sólo no fue confirmado por ninguno de sus testigos. Sus abogados tampoco lo tomaron en serio. Luego llegaron los momentos más personales. Wortman Jofre se quejó en reiteradas ocasiones de las supuestas penurias que habría sufrido Pontaquarto por haber ingresado tardíamente al programa de protección de testigos.

Pontaquarto trabaja, por estos días, en un restorán cubano ubicado en la calle Montevideo y, tal como narró durante el juicio oral mantiene sus costumbres de tipo lúdico. "Cuando voy al hipódromo, voy solo", explicó.

"Pontaquarto tomó la decisión más importante de su vida frente a sí mismo y a sus hijos al decir la verdad. Lo que le sucedió le permitió sincerarse con su vida, se separó y formó pareja con el amor de su vida
", dijo el letrado mientras la actual cónyuge del acusado se emocionaba entre el público.

Más allá de estos pasajes frívolos, más propios de una novela rosa, ayer el juicio tomó un camino sin regreso: el testimonio quedó sepultado frente a los jueces, no están comprobados los entrecruzamientos telefónicos de los cuales se valieron las partes acusadores y tampoco el retiro de fondos de la SIDE.

Pontaquarto abandonó Comodoro Py al atardecer, sonriente, casi tanto como todo el resto de los defensores. Después del alegato de ayer les sobran motivos.

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