Es cierto que las ventas navideñas no fueron tan buenas como se esperaba -de hecho parecen haber sido las peores desde que comenzó la recuperación de la crisis financiera 2008, y en promedio las grandes tiendas minoristas retrocedieran ayer el 1,8%- pero pensar que esto fue el principal factor detrás del 0,19% que perdió ayer el Dow al cerrar en 13.114,59 puntos, sólo es posible si olvidamos que es la cuarta baja de las últimas cinco ruedas. Aquí es seguramente donde alguno invocaría la idea que la discusión en torno del precipicio fiscal es lo que está deprimiendo el mercado, pero que ante un hecho de semejantes implicancias el presidente Obama anunció en un gesto más político que práctico, tratando de demostrar su buena predisposición, el mercado sólo haya retrocedido el 1,77% casi parece decir que la incapacidad de los políticos de llegar a un acuerdo importa muy poco. Si bien la historia de los precios financieros no sirve demasiado para predecir el futuro, no podemos dejar de mencionar que estamos en una época que tradicionalmente tiende a ser alcista para las acciones. Esta combinación de hechos permite poner en perspectiva cómo está terminando el año bursátil, es decir sin entusiasmo, pero sin demasiada preocupación ante algunas noticias que podríamos definir de negativas o bajistas. Claro que el escenario no es el mismo para todos los activos financieros, por ejemplo el precio del petróleo saltó ayer un 2,7 por ciento y el dólar trepó al máximo de los dos últimos frente al yen- a pesar que la mayor parte de las plazas europeas permanecieron cerradas. Seguramente no muchos están contentos cómo están terminando las cosas, pero mucho menos contento está el pobre oso polar que acaba de morirse de calor en el Zoo de Buenos Aires.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Dejá tu comentario