22 de septiembre 2009 - 00:00

“No ayuda la desinformación sobre minería”

Llama poderosamente la atención la desinformación que existe respecto de la industria minera, situación que es aprovechada por quienes se encuentran en campaña para desprestigiar a esta actividad económica de base y, al mismo tiempo, como consecuencia inmediata, sabotear el desarrollo de nuestro país con el lógico beneplácito de las grandes potencias del hemisferio norte, interesadas en que continuemos cumpliendo nuestro papel de abastecedores primarios y sin valor agregado.

Porque sin dudas es muy significativo que para ciertos grupos todo lo que aquí puede representar una fuente de riqueza, que sirva para apuntalar el despegue socioeconómico de nuestro país, es malo y peligroso. Vemos así que para estos personajes autodesignados salvadores de la humanidad, lo que aquí hacemos está mal, pero parece que si se hace en el norte allá está bien.

Resulta que la soja aquí es peligrosa porque degrada el suelo, pero en los Estados Unidos está bien y así marchan a la cabeza de la producción mundial.

De igual modo, la energía nuclear aquí no debe aceptarse porque es un peligro para la humanidad, pero en Estados Unidos, China y Europa parece que está bien porque tienen en operaciones y planificadas varias decenas de centrales núcleo-eléctricas. También la minería del cobre-oro aquí es un peligro espantoso porque el cianuro va a cubrir nuestros campos con su acción deletérea, pero allá en el norte parece que está bien porque en Arizona, Utah, Nuevo México, etc., hay numerosas minas de características similares operando desde hace décadas sin mayores problemas.

Así, y de acuerdo con estos puntos de vista negativos, parece que nuestro destino debiera ser continuar perteneciendo al Tercer Mundo, sin soja (cuyo aceite servirá dentro de muy poco para desplazar a los combustibles derivados del petróleo), sin energía nuclear (la más barata pues su costo histórico oscilaba en el orden de los 23 milésimos de dólar por kilowatt, frente a 30 milésimas de la hidroeléctrica y 36 de la térmica, valor este último estimado cuando el petróleo estaba a u$s 28 el barril), y sin minería del cobre-oro, en momentos en que ambos metales alcanzan valores impresionantes.

Cianuro

Pero hay un detalle más llamativo aún respecto del desconocimiento que existe sobre el uso del cianuro como parte del proceso de extracción del oro en minería. Según las firmas importadoras de cianuro, en la Argentina el 88,5% de este compuesto químico se destina a industrias radicadas en diversas ciudades del país, mientras que el 11,5% va a la minería extractiva, en operaciones ubicadas a varios cientos de kilómetros de los principales centros urbanos. Resulta que 9 de cada 10 kilos de cianuro se manipula a la vuelta de la esquina sin problemas, pero es malo y peligroso el kilo restante utilizado en minería a 280 km de distancia.

Finalmente, y como conclusión tendiente a sostener el desarrollo minero hoy avizorado, como alternativa válida ante nuestra limitada perspectiva agroganadera, debemos señalar con todo el énfasis posible que la tarea que hoy debemos enfrentar con decisión y firmeza es el control por parte de las autoridades competentes para que se cumpla con todas las normas y requisitos de protección ambiental. En San Juan ya tenemos antecedentes de situaciones similares si recordamos que antiguamente las bodegas vinícolas derramaban sus efluentes sulfurosos y sus deshechos sólidos en cualquier parte, con una notable contaminación ambiental. No obstante, desde que se fijaron normas y se las hizo respetar, hoy son ejemplo de industrias limpias y consustanciadas con su entorno. A nadie se le habría ocurrido impedir el desarrollo vitivinícola porque las bodegas utilizaran compuestos sulfurosos, tan peligrosos como el cianuro para el medio ambiente.



(*) Ingeniero en minas. Profesor emérito de la Universidad Nacional de San Juan.

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