No convence pese a su buen elenco

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Un padre que acaba de convertirse en un viudo de guerra decide hacer un viaje hacia el melodrama light en este típico film indie que resultó merecedor del premio del público en Sundance. John Cusack es el ya deprimido esposo de una mujer soldado destinada a Irak, y claramente las reuniones de grupo de apoyo a cónyuges de militares en las que es el único hombre no le ayudan demasiado.
Pero un mal día le aparecen dos hombres de uniforme en la puerta de su casa con la triste noticia. Y lo peor es que ahora que su esposa ha muerto, el protagonista está hecho pedazos y no sabe cómo transmitírsela a sus dos hijas.
Ante lo traumático de la situacion, lo mejor que se le ocurre es no contarles nada antes de hacerlas pasar unos días de vacaciones que culminarán en un parque de diversiones en Florida. Esta idea es la mínima premisa o conflicto argumental que detona todo el relato, que a pesar de sus breves 85 minutos, se hace bastante largo.
No es que la película esté realmente mal. Está muy bien actuada, discretamente filmada, y presenta situaciones más o menos creíbles. El problema es que nunca es realmente interesante, ni mucho menos intensa en ninguna dirección. Para colmo, ni se atreve a acercarse realmente al melodrama, y cuando intenta tocar puntos sensibles en el espectador, sólo consigue ser melosa u obvia (incluyendo las habituales tomas del trío familiar contemplando la puesta de sol frente al mar en silencio, fórmula clave en el lenguaje del cine independiente).
El score musical, con suaves melodías en guitarra está a cargo de un Clint Eastwood no demasiado inspirado, tan tenue como todo el conjunto.
D.C.

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