La buena noticia es que con tantos esperando tanto malo, difícilmente se den así las cosas. La mala, es que a lo largo del año esos mismos tantos supieron adelantar la suba de marzo, la baja de junio y la posterior suba de julio. Ayer le tocó a Robert Prechter, el máximo pope de la variante Elliot del análisis técnico, jugar a la Némesis al afirmar que el próximo movimiento del mercado será una baja larga y profunda que llevará los precios (acciones y commodities) debajo de los mínimos del 9 de marzo. No tenemos la más mínima idea si tiene razón o no, pero lo cierto es que ayer el Dow retrocedió un 1,03% a 9.241,45 puntos, mientras el precio del petróleo caía un 1,63% a u$s 69,45 por barril (fue su cuarta merma consecutiva). Con cuatro bajas en las últimas cinco ruedas, ningún evento puntual explica la caída, y menos los últimos datos de la economía, ya que la productividad laboral registró el mayor incremento desde el tercer trimestre de 2003, el costo de la unidad trabajada tuvo la mayor caída en ocho años, los inventarios mayoristas su décima baja mensual consecutiva y la colocación del Tesoro (u$s 37.000 millones en notas a 3 años) fue bien recibida por los inversores. Al revisar la lista de ganadores y perdedores, si bien no hubo un solo sector que quedara en suba, lo peor le tocó a los papeles financieros derrumbándose un 3,5%, seguidos por los de la energía que cedieron un 1,7%. Hoy no sería raro que todo gire en torno al comunicado de la Fed. Descontado que no modificará el costo del dinero, posiblemente modifiquen el contenido de su comunicado en función del resultado de la mega licitación de treasuries a 10 años que realiza el Tesoro (que ampliaría la emisión de títulos indexados cediendo al Gobierno chino).
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